La Coherencia

Es complicado ser coherente en la vida. Así, como principio general lo digo. Todos nos tenemos que ver a diario en la tesitura de tener que hacer eso que se llama “cabalgar nuestras contradicciones”, como si de un potrillo desbocado se tratase.

Las contradicciones pueden ser de todo tipo: desde estar a dieta pero apretarte unos nachos con queso a la mínima oportunidad, hasta estar en contra del trabajo infantil (quién no lo está) pero comprarte cinco camisetas del Primark a 2’50 € cada una confeccionadas vaya Ud. a saber en qué taller y en qué condiciones por menores en Myanmar.

La coherencia es una voz en tu conciencia que va a tu lado en cada paso que das, como aquellos esclavos o siervos romanos cuya función era acompañar en la cuádriga a los Generales y Emperadores romanos que volvían de una campaña militar exitosa y decirles al oído “recuerda que solo eres un hombre” cuando las masas enfervorecidas les aclamaban en su entrada en Roma, para evitar que se endiosaran y perdieran el contacto con la realidad. La coherencia intenta evitar que no te reconozcas a ti mismo al mirarte cada mañana al espejo y,  lo que quizá es aun más importante, evitar que no te reconozcan los demás. La coherencia nos permite mirar hacia atrás en nuestro recorrido vital y poder verlo con una cierta tranquilidad de espíritu, aun sabiendo que en ese camino habrá habido quiebros, quizá inevitables, porque tampoco el trayecto es siempre recto y hay que negociar los desniveles y las curvas.

Y claro, cuanto más alto sea nuestro nivel de exigencia en la coherencia, más complicado nos será cumplirlo, tanto a nosotros mismos como para reclamárselo a los demás.

Tenemos en los últimos tiempos multitud de ejemplos de incoherencia, con el añadido del escarnio público que deja la “huella digital”. Lo de la coherencia es como las apariciones de las Vírgenes: era muchos más sencillo cuando no había móviles ni redes sociales. Pero ser coherente cuando cada día hay un “fact-check” de tus declaraciones y acciones, incluso las que hiciste en el ámbito privado o cuando tu contexto personal era completamente diferente, es demasiado difícil, por muy recto en tu comportamiento que quieras ser.

Lo de la coherencia es como las apariciones de las Vírgenes: era muchos más sencillo cuando no había móviles ni redes sociales

El caso más flagrante de incoherencia, la epítome de la incoherencia patria en los últimos años ha sido el famoso chalet de Galapagar de los Iglesias-Montero pero, no nos engañemos: mantener la coherencia es difícil para todos, independientemente de la adscripción ideológica de cada cual. Yo mismo, sin ir más lejos, tengo también a diario mis propias incoherencias: soy Concejal de Medio Ambiente, pero tengo un pequeño SUV diésel, o voy a hacer un viaje en avión que podría hacer en tren, pero tardaría unas 10 horas más. Y como esa tengo varias, no puedo negarlo.

La jóven Gretta Thunberg… recorre el mundo concienciándonos de los problemas medioambientales y el Cambio Clímático, pero le patrocina una marca de automóviles que contaminan como si fuesen a prohibirlo. Se han organizado unas jornadas sobre Cambio Climático en Suiza en Agosto a las que acudirán personas famosas para sensibilizarnos de ese problema, pero viajarán en aviones privados que queman toneladas de queroseno.

Y, aunque la incoherencia es más flagrante en la medida en que quien la protagoniza sea más conocido o un personaje público, lo cierto es que nadie se libra de ella.

Soy bastante aficionado a lo que denomino “la incoherencia del Facebook”. Sí, amigos, es esa incoherencia que todos vemos a diario o que, por razones personales o profesionales sabemos que quien está diciendo en esa u otra red social una cosa, luego practica otra bien distinta. Mis favoritas son, con diferencia, la de quienes se indignan con algo y luego hacen exactamente lo mismo que causa el motivo de su indignación. Y en algunos casos lo hacen sin rubor alguno ni solución de continuidad, a saber:

  • Pones un post en FB indignándote por el cierre de una librería que llevaba décadas abierta, pero te has comprado todos los libros del colegio de tus hijas en Amazon del que, por supuesto, tienes cuenta Premium.
  • Idem para denunciar la crisis del pequeño comercio, culpando, cómo no, a instituciones, políticos y todo el que pasa por allí, pero llevas comprando todos los regalos de Olentzero por internet por lo menos 5 años, y eres cliente VIP de Zalando.
  • Echas pestes en Twitter del turismo, la turistificación y de que ya no puedes tomar una caña tranquilamente en tu ciudad, pero luego nos pones 13 fotos y 48 “Historias” en tu Instagram de tus vacaciones en las Islas Griegas o Formentera que, por supuesto, no reciben a nadie más que a ti y tu familia en todo el año y no están nada turistificadas, como todo el mundo sabe.
  • Te indignas -con razón- con los bajos sueldos y las malas condiciones laborales de los trabajadores y las trabajadoras de ciertos sectores laborales, incluido quizá el tuyo, pero luego tratas con desdén, cuando no con desprecio al camarero que te atiende si no es suficientemente rápido -en tu opinión – o presentas una queja en el hotel todo incluido al que has ido de vacaciones en la nada turistificada Denia porque la mujer que te hace la habitación no ha vaciado la papelera. Que esos trabajadores estén hasta arriba de curro o tengan unas condiciones paupérrimas a ti te da igual, porque eso no tiene por qué afectarte y has pagado por un servicio adecuado. Obviamente, pondrás el consiguiente comentario negativo en Booking de ese camarero o esa limpiadora y  les caerá la bronca o incluso el despido, pero tú estás a 650 kms y te da igual.

Sé que podríais completar este post con muchos más ejemplos de incoherencias con las que vosotras, vosotros y yo mismo lidiamos a diario. Y ser incoherente no quiere decir que nuestra queja, reinvindicación o indignación no sea cierta o justa. ¿Que compremos mucho en Amazon no significa que no se pueda criticar el cierre de comercios? ¿Que vayan en avión a una Conferencia del Cambio Climático no significa que su alerta sobre el peligro del Cambio Climático no sea cierta? ¿Que puedas poner en cuestión un modelo o desarrollo turístico es incompatible con ir de vacaciones a Salou, Marbella o cualquier otro lugar que lleva “turistificado” desde los años ’70?…bueno, supongo que no, no es incompatible, pero siempre y cuando asumamos que tampoco es un modelo de coherencia.

Por lo tanto la incoherencia existe, y debemos aprender a sobrellevarla, procurando, como si de una enfermedad crónica se tratase, que nos afecte lo menos posible en nuestra vida diaria. Es imposible ser coherente todo el tiempo, con todo el mundo y en toda circunstancia. Es así, no pasa nada, porque es la propia condición humana. Pero seamos conscientes de ella y, en consecuencia, seamos comprensivos e indulgentes cuando también la veamos en los demás.

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20 canciones para alegrar 2018

Pues nada…ya pasó la Nochebuena y el día de Navidad, fechas para estar en familia y tranquilidad. Pero ahora toca un poco de alegría, de desparpajo, de desinhibirse, de estar “achispado”…en definitiva, un poco de juerga, y ya mañana dios dirá.

Si para Nochebuena os recomendé 20 canciones “moñas”, dejadme ahora que os recomiende otras 20, en este caso más animadas, ese tipo de canciones que te pueden resucitar en un día triste y lluvioso como los que estamos teniendo, o que ambienta la pre-cena de Nochevieja, e incluso el bailoteo posterior a las uvas.

Son 20 canciones que me gustan y voy a recomendaros, en las que he querido huir de las más evidentes y conocidas, que son apuesta segura, como “I will survive”, “Macho man”, “Shout”, etc…o sea, todas las que puedes estar pensando ahora mismo. En definitiva, que es una selección personal y, como tal, subjetiva y a mi gusto. Espero que también sea de vuestro agrado…y Feliz Año 2018!!

 

20. Danza Invisible. A este lado de la carretera

Los ochenteros malagueños Danza Invisible tuvieron muchos “hits”, y la mayoría de ellos con canciones compuestas por ellos mismos. Sin embargo, uno de sus mayores éxitos (si no el que más), fue este tema, una versión de “Bright Side of the Road” de Van Morrison.

 

19. Kula Shaker. Hush

Ni una lista musical sin que se recoja un grupo británico de Pop. En este caso, uno mítico como los londinenses Kula Shaker. No se puede decir que fuesen un “one hit wonder”,  porque tuvieron una dilatada trayectoria, pero desde luego, su canción “Hush” (que antes habían tocado Deep Purple”) marca una antes y después en su carrera, y será siempre el tema por el que se les recuerde. Como anécdota, fue “repescada” para  la banda sonora de la magnífica “Kingsman”

 

18. Serebro. Mama Luba

Se dieron a conocer en 2007 en el Festival de Eurovision de ese año representando a su país, Rusia, en el que quedaron terceras.

Pero si por algún tema se les conoce a nivel planetario es por este “Mama Luba” y el propio vídeo, que tiene también gran parte de culpa en el éxito de la canción, ya que inauguraron algo que después hemos visto cientos de veces repetido, incluidas muchas estrellas, y que James Corden ha elevado a auténtica categoría musical denominándolo “Carpool”

 

17. Esne Beltza. Quién manda (Hemen eta hor).

En este caso, una canción original de La Mala Rodríguez, versionada por Esne Beltza, pero cantada en un concierto con la propia Mala y al que se suma Fermin Muguruza da como resultado todo un temazo

 

16. Foster the people. Houdini

Solo los 15 primeros segundos de la canción, por sí mismos, justificarían incluir esta canción de la banda californiana en esta lista. La he debido escuchas decenas, cientos de veces, y me sigue apasionando ese comienzo, que no decae en todo el tema.

 

15. Lutricia McNeal. Whashington

“Quiero ir a Whashington y quiero conocer al Presidente”. Así comenzaba este supertemazo de Lutricia McNeal.

 

14. Barei. Say yay!

Personalmente pienso que esta es la mejor canción que ha enviado España a Eurovision en una década o más. Bien interpretada por una grandísima profesional y con un ritmo endemoniado, es pura energía.

 

13. Mikis Theodorakis. Zorba

Se podría escribir un post entero del blog solo con Mikis Theodorakis, contando su compromiso político, sus méritos como escritor, filósofo e intelectual. Pero en esta ocasión nos interesa su faceta musical, que es absolutamente pródiga e infinita en cuanto a composiciones, con más de 1000 temas compuestos, entre ellos el mismísimo himno del Partido Socialista de Francia. Theodorakis hizo óperas, ballets, himnos, sinfonías…pero, para bien o para mal, siempre será recordado por el tema de la película “Zorba el Griego” en 1963, que bien merece estar en esta lista por cómo va in crescendo hasta terminar en un ritmo alegre y delicioso.

 

12. Peppino di Capri. Saint Tropez Twist

Yo hacía de DJ en las fiestas de la Facultad de Derecho, y me hinché a poner esta canción de Peppino di Capri, que, a partir de cierta hora, era un éxito de desmadre asegurado. Es posible que el estado de semiincosnciencia  que llevaba el público contribuyese a ello, pero el tema sesentero del compositor napolitano Peppino di Capri nunca fallaba.

 

11. Cro. Einmal um die welt.

Tras el nombre artístico “Cro” se esconde (y además, literalmente, porque nunca se le ve la cara en público) el cantante y rapero alemán Carlo Waibel. Se dio a conocer con “Easy” en 2011, que formaba parte de su primer disco “Raop”, y fue todo un fenómeno en Alemania y Austria, aunque si lo que quieres es moverte con Cro, mi recomendación es este “Einmal um die welt”

 

10. Elvis Presley. Viva las Vegas.

Si ya incluimos a Elvis en el listado de canciones moñas, cómo no íbamos a hacer lo propio con las canciones con marcha…Su repertorio es amplio y archiconocido, así que hay que decantarse por una. Y “Viva Las Vegas” no falla nunca

 

9. Franco Battiato. Yo quiero verte danzar

Él se movía menos que los ojos de Espinete, pero la canción tenía (y sigue teniendo) un ritmo alegre y dicharachero.

 

 

 

8. Spiderbait. Black Betty

La banda de rock estadounidense Ram Jam se hizo mundialmente famosa por una adaptación de esta canción en 1977, que fue originalmente creada por Lead Belly en 1939. Y, aunque esa versión es la que casi todos tenemos en mente al recordar esta canción, yo me quedo con una más reciente, la de los australianos Spiderbait., que es pura adrenalina, y que, al igual que la ya mencionada “Houdini”, tiene un comienzo explosivo

 

7. Throttle. Hit the Road Jack

Archiconocida canción de Ray Charles, que también ha conocido algunas versiones bastante decentes. Una de ellas, que me gusta especialmente, es esta del DJ Australiano Throttle.

 

6. Rafaella Carrá. Rumore

Adoramos a Rafaella Carrá.

Rafaella fue un icono musical de los ’70 y ’80 en toda Europa, especialmente en los países latinos, sobre todo España. Rafaella era una “showgirl”, que dominaba el escenario bailando y cantando, además de alternarlo como presentadora, faceta en la que derivó su carrera en los ’90 y siguientes años.  No es muy conocida, por cierto, su vena política, ya que Rafaella es una mujer profundamente de izquierdas.

De todos sus éxitos -que no son pocos- destaco este “Rumore, rumore”, en un vídeo en el que, por cierto, está guapísima

 

5. The Disco Boys. Hey St. Peter.

De la capital musical de Alemania (Hamburgo) llega este dúo de DJs que crearon una de esas canciones que, si no la bailas, es que estás muerto o, en el mejor de los casos, en coma. Una canción que va directa al “Top five”

 

4. Santaflow y Norykko. Monstruo

El rapero madrileño Iván Santos, más conocido como Santaflow y la gallega Nora Jiménez, más conocida como Norykko, versionaron esta canción  “Monster”, de Eminem y Ryhanna. El resultado me parece  muy digno, un ejemplo de lo que debe ser un “cover”, tan de moda ahora. Dejemos de lado la escenografía del vídeo y escuchemos la canción siguiendo el ritmo del rap.

 

3. Taylor Swift. Shake it off

La todavía corta carrera de Taylor Swift es absolutamente abrumadora. Comenzó como cantante country y fue derivando a lo que es hoy en día, una megaestrella del Pop. Una simple consulta a su Wikipedia nos da una idea de todo lo que ha logrado esta mujer a sus insultantemente pocos 28 años. Y si hay una canción que te “despega” del suelo y te hace mover los pies, esa es “Shake it off”. (Y ojo a la versión de Günter y Rosita en “Canta!”)

 

2. Raphael. Mi gran noche.

Si te tengo que explicar por qué Raphael y “Mi gran noche” DEBEN estar en esta lista es que emitimos en una frecuencia de onda diferente, y lo nuestro no tiene remedio.

 

1.Amir. On dirait.

Para mí -y reconozco que es completamente subjetivo- es el número 1 indiscutible de la lista. Si en cualquier momento te sientes “de bajón”, ponte esta canción. no hay nada mejor.

Amir Haddad se está labrado una sólida carrera en el panorama musical francés, que le llevó el año pasado a representar a Francia en Eurovisión y que parece tener muchos años aun por delante, a tenor de lo visto.

 

20 canciones “moñas” para 2018

Ahora que están de moda los listados de todo tipo (“100 películas que ver antes de morirte; 20 ciudades que visitar antes de los 40”;  15 cosas que no sabías de Meghan Markle”…) y como los días 24 y 25 se prestan a estar sesteando mientras tus hijos e hijas juegan con sus regalos de Navidad, se me ha ocurrido hacer un listado con 18 canciones que puedes escuchar de fondo mientras cocinas o te tumbas en estado de semiinconsciencia en tu sofá favorito.

El listado es estrictamente personal, y soy consciente de que hay muchas más “baladas” o canciones “lentas” que podrían estar en él. Pero ya sabéis cómo es esto: mi blog, mis reglas (y canciones). Son 20 como podían ser 10, 12, o 40, pero en algún sitio hay que parar…

Así que ahí van, ordenadas de menor a mayor preferencia_

20. Meanwhile back at Mama’s. Tim McGraw y Faith Hill

Dos iconos del country reciente, auténticas estrellas en USA, el matrimonio formado por Tim McGraw y Faith Hill, con brillantes carreras por separado, se unen en este tema que engarza con la mejor tradición de la balada country

 

19.  Wonder of you. Elvis Presley

Elvis hacía de todo, y casi todo bien. Y, aunque fue el Rock el que le dio la fama y la gloria, tuvo unos cuantos hits con algunas baladas inolvidables. Una de ellas, este “Wonder of you”

 

18. Gianna Nannini. Meravigliosa Creatura

Aunque su fama internacional le llegó en 1990 por cantar la canción del Mundial de Fútbol Italia ’90, Gianna Nannini tiene una larga y pródiga carrera musical, especialmente en Italia. Natural de Siena, tiene varios discos de platino.

“Meravigliosa Creatura”  es una canción que combina la típica voz rasgada italiana (en este caso, de mujer) con la tradición baladista mediterránea. Es, sencillamente, como indica su nombre, maravillosa, tanto como este vídeo, que recomiendo ver hasta el final

 

17. Aztec Camera- Working in a Goldmine

Sería imposible recoger en 18 o 180 los temas de grupos británicos de los ’80. El listado es inabarcable, y es un auténtico legado que ni siquiera el “brexit” podrá borrar. Ningún país ha conseguido atesorar en una o dos décadas semejante patrimonio musical de estilos tan diferentes. Podría haber elegido cualquier otro, pero los escoceses Aztec Camera siempre fueron una de mis debilidades por su elegancia, y la personalidad de Roddy Frame, alma del grupo.

 

16. Gordon Haskell. How wonderful you are

Tiene en la actualidad 71 años (uno menos que Bryan Ferry, con quien comparte nacionalidad inglesa) y una dilatadísima carrera musical, en la que hizo de casi todo, desde “pop psicodélico” hasta jazz o blues. Como muchas veces ocurre, se cruzó en su camino un tema del magnífico album “Harry’s bar” que le dio fama internacional a sus más de 50 años. Efectivamente, se trataba de este “How wonderful you are”

 

15. Esclarecidos. Por amor al comercio

Uno de los grupos más venerados de la mítica “Movida” madrileña de los ’80 fueron Esclarecidos, con la voz de Cristina Lliso, que hicieron un Pop a contracorriente. Creadores del sello discográfico GASA, junto a Paco Trinidad, que produjo a gente como los Duncan Dhu, Esclarecidos nos dejó temas que quedan en la memoria de todos.  Es posible que el más conocido sea “Arponera”, pero yo me quedo con este “Por amor al comercio”

 

14. Isley Brothers. Between the sheets

Puro sonido Motwon, sería absurdo explicar quiénes eran y qué significaron los Isley Brothers. Su canción “Shout” es imprescindible para revivir cualquier fiesta o terminarla en todo lo alto. Y, para después de la fiesta, este “Entre las sábanas…”

 

13. Revolver. Todo aquello que jamás seré

Todos tenemos canciones, cantantes y grupos que han marcado nuestra vida. Probablemente Carlos Goñi sea uno de los tipos más odiados por los hipster musicales en España, pero qué demonios, me hice adulto con él, y tiene una canción casi para cada año de mi vida. Y llega un momento de la vida en el que sabes que hay cosas que ya nunca serás. Pero eso está bien.

(Nota: no he encontrado un vídeo decente de Carlos cantando esta canión, pero este “Cover” me parece más que digno)

 

12. Meat Loaf. Read ‘em and weep.

Uno de esos casos en los que la canción es compuesta para un cantante, pero triunfa con ella uno distinto. La canción fue escrita para Meat Loaf, pero la hizo famosa Barry Manilow. La intempestiva carrera como actor y cantante de Meat Loaf nos dio varios éxitos, pero este “Léelo y llora” quedará siempre en nuestros corazones

 

11- Boyz II Men. End of the road

Con una estética absolutamente infumable, pero unas voces como los ángeles, que acompasaban con la precisión de un reloj suizo, este grupo de R&B de Filadelfia también conoció la factoría Motown, aunque de manera tardía. Esta canción rompió, en 1992, el récord de permanencia en el nº 1 de la lista Billboard que tenía desde 1956 Elvis Presley, y los hizo ultra famosos. Y no es para menos…

 

10. La buena vida. Qué nos va a pasar

Dificilmente catalogable en el ya reconocido “Donosti sound”,  pero también grupo de culto, La buena vida no dio el salto a la popularidad (quizá tampoco lo pretendían) que otros grupos donostiarras consiguieron, pero siempre ha tenido el respeto del panorama musical y los “connaiseurs”. Muy relevante su trayectoria, nos dejaron auténticas joyas musicales, siendo quizá la más conocida este “Qué nos va a pasar”

 

9. Franco de Vita. Tan solo tú

Este cantante italo-venezolano de 63 años tiene una dilatadísima carrera musical ampliamente conocida, especialmente en latinoamérica. Sin embargo, fue su álbum en directo “En primera Fila”, de 2011, ya con 57 años, el que le hizo definitiva y mundialmente famoso. Este tema con la mexicana Alejandra Guzmán es simplemente fabuloso

 

8. Pink Martini. Amado mio

Confieso que dudé hasta el último momento qué versión mencionar de esta canción, de las muchas que hay. Pero la de Pink Martini no tiene rival. En ella se conjugan una excelente canción con uno de mis grupos/orquesta favoritos. En concreto este vídeo tiene la particularidad de que no la canta la solista “titular”, China Forbes, sino Storm Large, que la sustituyó en algunas ocasiones, sin perder un ápice de la esencia del grupo.

 

7. Garbage. The world is not enough

Escrita para Bond 19, la película homónima de Pierce Brosnan, no es una de las más conocidas ni las más nombradas o recordadas, pero está entre mis preferidas. Y, como frikie de 007, creo que es argumento suficiente, no como el mundo, que nunca es suficiente (guiñom guiño)

 

6. ZAZ. Si jamais j’oublie

Qué podemos decir o escribir de ZAZ que no se haya dicho o escrito ya…Conocida con este nombre artístico, Isabelle Geffroy tiene una de las voces más fantásticas de Francia, recordando por momentos a la de Mireille Mathieu, aunque con muchos más registros en el caso de Isabelle.

Aunque se le ha calificado como “Gipsy Jazz” a su estilo musical, sospecho que ha sido más por su estética que por su música. Más allá del megahit “Je Veux”, ZAZ ha hecho grandes canciones, y esta “Si jamais j’oublie” está muy arriba en mis preferencias. Porque hay cosas que jamás deben olvidarse.

(p.d.: no dejes de verla en directo si te surge la oportunidad)

 

5. Ed Sheeran. Perfect

Hace apenas un mes no hubiera estado en este listado, por la sencilla razón de que no la conocía. “Perfect” es la balada perfecta, la canción que al escucharla sientes que necesitas abrazar a alguien. Es absolutamente subjetivo, como las anteriores, pero me parece una canción sencillamente preciosa. Y, a poder ser, cantada sólo por él; dejemos los duetos para otra ocasión.

 

4. Don Johnson. Tell it like it is

Sorpresón en la lista. Desde muy jóven he sentido cierta debilidad por Don Johnson. Y, aunque lo lógico hubiese sido poner aquí la canción original de Aaron Neville y los Neville Brothers, lo cierto es que esta versión canallita de Johnson siempre me ha gustado. Apenas tiene voz, pero su carisma y unos instrumentos bien arreglados hacen que esta versión no sea en absoluto desdeñable.

Pero como sigue siendo mi lista, tampoco hay por qué explicar mucho más, así que, dentro vídeo:

 

 

3. Sheryl Crow. The first cut is the deepest

Quizá más conocida la versión de Rod Stweart, y aunque abusa en el vídeo del “efecto ventilador”, lo cierto es que borda este tema, y está en el top 3 de mis moñadas favoritas

 

2. Michael Bublé. All i want for christmas is you

Quien me conoce sabe la absoluta debilidad que siento por Michael Bublé. Un tipo excelente, amable, carismático, magnífico cantante y gran persona, que acaba de pasar un trago muy duro por el cáncer de su hijo. Solo el canadiense Bublé podría convertir el marchoso megahit de Mariah Carey en una balada navideña para escuchar mientras esperas que el pavo se haga al horno.

 

1 Michael Bublé. Home

Pues sí. Bublé repite en la lista, y lo hace por que me encanta y porque tiene, compuesta por él además, la mejor balada que existe, en mi opinión. Ha habido otras versiones, muy dignas, como la de Black Shelton, pero no, no es Bublé.

Una canción que te encoge el estómago y te hace necesitar estar con quien más quieres, estar en casa. Let me go home…

 

Esto es todo. Espero que os haya gustado.

Feliz Navidad!

Sin ley no hay civilización

Aunque lleva algunos meses entre nosotros, el debate al que voy a hacer referencia en este post se ha instalado entre nosotros especialmente en el pasado verano y está alcanzando su máximo apogeo con -cómo no- los acontecimientos de Catalunya y el anunciado intento de Referendum del ya famoso 1 de Octubre.

Me estoy refiriendo a lo que algunos llevan algún tiempo intentando vendernos como una disyuntiva entre “democracia vs ley”, como si ambas fuesen ya no incompatibles, sino incluso opuestas. Un falso dilema tras el cual se esconde algo mucho más inquietante para la convivencia e incluso para el modelo de civilización que nos ha costado siglos conquistar, en el que las leyes, y no la fuerza, el dinero o la clase social son las que garantizan la igualdad entre todas las personas.

Ya desde hace algún tiempo, uno de los mantras de la llamada “nueva política” ha sido contraponer el poder popular, “la gente”®, a las instituciones de representación elegidas democráticamente mediante sistemas electorales absolutamente transparentes y contrastados. El resultado de una votación democrática podía ser obviado si a quienes no les gustaba el mismo consideraban que era contraproducente para el llamado “bien común” que, curiosamente, siempre coincidía con su discurso y sus propuestas. Pero claro, el “que no, que no nos representan” duró lo que tardaron en llegar esos movimientos, ya constituidos en Partidos políticos, a las Instituciones, a los parlamentos, a los ayuntamientos. Ahora sí que el sistema era bueno y válido, porque quienes refractaban de él eran parte del mismo, y su presencia los homologaba como democráticamente justos. Tal era así que movimientos como “Juventud sin futuro” o “El patio maravillas” se disolvían al no tener ya razón de ser, porque sus miembros habían encontrado acomodo (y nómina) en las instituciones otrora inaceptables.

Pasada esa pantalla, y a la vista de que la realidad era dura como el granito y casi todo lo que se había prometido era de muy difícil cumplimiento (acabar con desahucios, bajar alquileres, consultas para todo, etc…) llegó el momento de buscar un nuevo enemigo. Y lo encontraron en un lugar en el que algunos, como los movimientos independentistas, ya llevaban años instalados: el cumplimiento de la Ley. Según esta nueva teoría, una Ley puede no cumplirse, o, en todo caso, se está eximido de su cumplimiento, si “la gente”® considera que dicha ley es injusta o no responde a nuestras expectativas vitales. Para ellos, que haya un sistema Judicial que garantice el cumplimiento de las leyes, unos sistemas de revisión de Sentencias, de Recursos, de Tribunales de Apelación, es lo de menos. Lo importante es si la Ley ad hoc en cada caso me conviene o no, y en función de la misma exigir su cumplimiento (ej.: obligación de pagar los impuestos) o decir que no nos representa.

Planteada la premisa, ahora se trata de ir acomodándola al caso que más nos interese. Un ejemplo más de ello ha sido el llamado “caso Juana Rivas”, cuyos detalles son sobradamente conocidos. Un mes de agosto entero hemos tenido que oír que las leyes, las Sentencias e incluso los Convenios de La Haya eran papel mojado ante el amor de una madre hacia sus hijos, cosa que nadie discutía. ¿Que se estaban incumpliendo leyes y sentencias? Nada importaba si la causa era noble. ¿Que el supuesto “asesoramiento legal” estaba siendo perjudicial para los propios intereses de la afectada? Quedaba redimido por unos aplausos en la puerta de un Juzgado. ¿Que había informes psicosociales, exploraciones judiciales a los menores por juezas que resolvieron el asunto? Qué sabrán ellas, si nosotros hemos leído un par de comentarios en Facebook al respecto y ya tenemos una opinión bien formada al respecto…Y así todo; con el nefasto (y previsible) resultado que hemos podido ver: una madre sin sus hijos, sin su custodia e imputada por incumplir resoluciones judiciales.

Y en esas estábamos, cuando llegó la movida catalana, con más de la misma medicina: cualquier norma, incluida la Constitución Española y todo el sistema y organigrama normativo y judicial del que nos hemos dotado no sirve de nada si la gente® quiere otra cosa. Es inútil decirles que las leyes se derogan, se modifican o se cambian con otras leyes. Que en democracia hay unos procedimientos que deben cumplirse y unas mayorías democráticas que son necesarias para que, precisamente, las minorías, no queden aplastadas.

Y lo peor de todo es que es la supuesta izquierda más pura, esa “true left” de nuevo cuño la que nos ha traído este discurso, olvidando que precisamente es la ley la que protege al más débil del abuso del poderoso. Que la obligación de someterse al imperio de la ley es lo que hace que el más rico no aplaste al más humilde. Que cuando necesitamos un trasplante no sea la altura de la cuna en que nacimos lo que nos otorgue la prioridad, sino una ley de trasplantes que establece el orden de prelación con criterios objetivos. Que en una autopista no sea la cilindrada ni los caballos de nuestro coche lo que delimite la velocidad a la que ir, sino una ley de tráfico que marca los límites y las sanciones por inclumplirlas.

 

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Según el Secretario General de Sortu, el sr. Arnaldo Otegi, primero van los deseos de la gente®, y luego ya, si eso, las leyes detrás. Pero él olvida que son precisamente las leyes las que impiden -afortunadamente- que a un delincuente o a un asesino les linchen, o los familiares de las víctimas se tomen la justicia por su mano tras un atentado en el que mueren decenas o cientos -o una sola- de personas. Las leyes permiten la reinserción de quienes han estado durante años en la cárcel, y que, una vez cumplida su pena, tengan el derecho a recuperar su total condición de ciudadano, con sus prerrogativas y obligaciones, claro.

Las leyes permiten y garantizan que nadie sea discriminado (so pena de castigo) por su raza, condición sexual, identidad, credo o ideología. Las leyes obligan a pagar impuestos a muchos de quienes nunca lo harían voluntariamente, pudiendo así construir hospitales, carreteras, hacer VPO o colegios públicos. Las leyes impiden que se abuse de menores, las agresiones sexuales o el acoso. Las leyes dan cobertura social a quienes más lo necesitan y procuran la cohesión social de la ciudadanía.

Y sí…las leyes no son perfectas. De hecho, casi a diario hay sentencias de Tribunales que anulan artículos, e incluso textos completos de una Ley si no cumple con con otras de rango superior. Pero es que eso también es la ley: garantizar que una ley debe cumplir con las demás leyes, y ser compatible con ellas. Si la ley no nos gusta, o hay una mayoría social que quiere cambiarla, debe elegir representantes democráticos que cambien esas leyes en los parlamentos con las mayorías correspondientes en cada caso. En eso consiste la democracia representativa. Porque, de lo contrario, cada cual hará lo que considere oportuno en cada momento sin hacer caso a la ley, volviendo a tiempos muy oscuros que hemos dejado atrás.

Sin ley no hay civilización. Y sin civilización, barbarie y abuso del más débil.

 

 

Nosotras (no) decidimos

A lo largo de la historia, los avances científicos han generado debates para los que la sociedad, en muchos casos, no estaba preparada. En ocasiones ni siquiera se llegaron a producir, porque alguna institución o gobierno los prohibió, persiguiéndoles y llegando incluso a acabar con la vida de quienes los promovían (Galileo, Servet, Bruno, Kepler…) En otros casos se generaba el debate y el avance científico se cortaba de raíz, porque se consideraba directamente una herejía o contrario a la ética o la moral imperantes en cada época. Y, por fin, en otras ocasiones, salían adelante a pesar de la reticencia o directamente oposición de algunos sectores de la sociedad, normalmente los más reaccionarios, aunque no siempre.

En la medida en la que los descubrimientos se producen con una frecuencia cada vez menor en el tiempo, también los debates sociales sobre ellos lo son con menor cadencia. No queda muy lejana en el recuerdo aquella polémica con los primeros “niños probeta” (la primera fue niña, de hecho), donde muchos veían una aberración la manipulación de algo tan normalizado hoy como el esperma y un óvulo. También el aborto, la interrupción voluntaria del embarazo, ha sido objeto de múltiples debates e incluso enfrentamientos sociales que aun siguen latentes. Otros, como las células-madre o la eutanasia asistida, han iniciado un camino incierto que, dependiendo de cada país, puede acabar de una u otra manera.

Y en estas estábamos cuando nos ha llegado, en poco tiempo, casi de manera repentina, el debate sobre la llamada Gestación Subrogada, también conocida de manera peyorativa como “vientres de alquiler”. Y digo de manera peyorativa, porque se emplea igual que algunos sectores llaman “asesinato”o quitar una vida” a una interrupción voluntaria del embarazo, con una voluntad manifiesta de dotarlo de unas connotaciones que, efectivamente, puede tener, pero no tiene por qué. O no al menos en el modelo que algunos panteamos.

En el 39 Congreso del PSOE que está teniendo lugar en Madrid este fin de semana se ha debatido de manera intensa y apasionada esta cuestión. Y con gran pesar, debo decir que se ha impuesto la visión no ya más restrictiva, sino directamente prohibicionista, que respeto y acato, pero no comparto en absoluto.

El avance de la ciencia ha permitido que técnicas como las FIV, donaciones de óvulos o esperma, los ICSI o DGP hayan permitido a muchas mujeres y sus parejas (o sin ellas, si no la tienen) ser madres y padres, algo que sencillamente 10 ó 15 años antes no hubieran podido conseguir, de la misma manera que se podía morir por un sarampión o el tétanos hace 100 años, y que las vacunas consiguieron anular. La gestación subrogada permite que una mujer pueda concebir el hijo o hija de otras personas que aportan el material genético.

Se identifica, por parte de sus detractoras , con una contraprestación económica, una “cosificación” del cuerpo de la mujer e incluso de un ataque a su libertad, por considerar que no se hace de manera voluntaria, sino por una necesidad económica. Es ciertamente curioso que sean, habitualmente, las más acérrimas defensoras del aborto, quienes más férreamente combaten la gestación subrogada, en contra de que aquellas mujeres que quieran hacerlo voluntariamente no lo puedan hacer. “Nosotras decidimos”, pero si otra mujer quiere decidir sobre su cuerpo y ofrecer su capacidad de gestación altruistamente y de manera libre a un familiar, amigo o a quien desee, entonces no, entonces no pueden decidir libremente porque alguien ya ha decidido por ellas. A lo que hay que añadir que los niños que nazcan en el extranjero por Gestación subrogada no pueden ser inscritos en nuestro país.

Algunas personas proponíamos que  se REGULASE la Gestación Subrogada, porque es una realidad social que existe y a la que no se puede dar la espalda, con una serie de condiciones elementales y básicas:

  • Que no existiese contraprestación económica, para evitar que se generase un “negocio” al que acudiesen las mujeres en situaciones económicas de debilidad, lo que condicionase su libre decisión, permitiendo además que fuese un acceso a la gestación de quienes pudieran permitírselo, dejando fuera a las personas con menos recursos.
  • Que se priorizase, en todo caso, la salud física y mental de la madre gestante en primer lugar, y se actuase en interés del niño o niña que iba a nacer fruto de la gestación.
  • Que todo el proceso estuviese tutelado por la Administración Pública, tanto desde el punto de vista de la Sanidad como de los derechos y obligaciones de la Gestante y los padres biológicos. Algo así como el sistema de transplantes que existe en España, y que es modélico en el mundo, hasta hacernos líderes absolutos. En teoría, podría haber también un “mercado negro” de transplantes (lo hay en otros países) o que quienes más recursos económicos tuvieran pudieran tener preferencia. Sin embargo, en el caso de los transplantes no es así en absoluto. Se ha conseguido una base de datos única, gestionada desde lo público y que se cumple rigurosamente por la lista y la compatibilidad. Obviamente no se gestionaría igual, pero es evidente que se podrían estabecer garantías públicas que lo hiciesen tan transparente como aquel.

Hay quien, en una simplificación tan de moda en nuestra melíflua sociedad actual, ha identificado la Gestación Subrogada con un “capricho” o una “compra de niños” por parte de personas ricas y famosas, algo absurdo y falso, ya que hay muchísima más gente anónima que recurre a esta opción sin que nadie se entere. Y reproducen, por cierto, muchos argumentos que en su momento se emplearon para ir contra la adopción, la cual, sin embargo, paradójicamente defienden quienes denostan la gestación subrogada como alternativa a esta.

Decidir o no ser madre gestante debería estar en la esfera individual y en la capacidad de libertad de la mujer, siempre, por supuesto, que dicha decisión no estuviese condicionada por ningún factor externo, especialmente el económico. Defender el “nosotras decidimos”, para el aborto es algo que, desde una visión progresista, me parece irrenunciable y básico. Negarlo para la gestación subrogada, diciéndole a una mujer lo que puede o no hacer con su cuerpo, me parece una tutela difícil de explicar.

La vida mancha

La frase no es mía, aunque ya me gustaría. Se trata del título de una película de Enrique Urbizu, protagonizada por José Coronado. Pero me sirve como introducción para sintetizar algo que me ha venido hoy a la cabeza, aunque no es la primera vez.

Hace unos días se abría el primer parque para perros en San Sebastián. El lugar elegido no era casual, ni al azar; tras estudiar el padrón municipal de perros a partir de los chips, se estimó que era la zona en la que más gente podía verse beneficiada en su ubicación. A los pocos días de su apertura, un amable ciudadano exponía su queja del mismo con el argumento -respetable- de que “los perros ladran”. ¿Quién podía imaginarlo?

Claro que los perros ladran, porque es la forma que tienen de comunicarse. Ladrarían aunque no estuviesen en un parque para perros, porque eso es lo que hacen. Y los niños y niñas, cuando están en un parque infantil, gritan, cantan, hablan alto, lloran si se caen o un mayor les quita la pelota…

Hace unos años, un día de Nochebuena, siendo yo Concejal de Turismo y responsable del CAT, recibí a las 5 de la tarde una llamada de Alcaldía diciéndome que una señora se estaba quejando de la música que ambientaba la llegada de Olentzero en la c/Loiola. Era una música suave, de villancicos, que duraba como máximo una hora, hasta que Olentzero salía a las 6. Y podría hacer un post tan largo como el Quijote contando anécdotas similares.

También recuerdo cuando otra señora (distinta a la del Olentzero) llamaba a la centralita de Guardia Municipal quejándose de que sus vecinos gritaban muy fuerte cuando mantenían relaciones sexuales, especialmente la chica de la pareja. Lo que más le molestaba era que elegían la hora de la siesta, precisamente la que ella prefería para descansar mejor.

Somos una sociedad solidaria, hasta que te enteras de que van a poner un centro de empresas de inserción social cerca de tu casa, o un edificio de Proyecto Hombre, aunque años después se demuestre que no ha habido ningún problema. El colmo del paroxismo lo viví cuando una amable ciudadana venezolana, vino a quejarse de que si hacíamos un edificio para acoger investigadores internacionales, “aquello se iba a llenar de extranjeros”. Y estoy hablando de investigadores universitarios y cientfícos.

La vida mancha, sí, y no podemos pretender pasar por ella sin que nos roce, aunque sea un poquito. Vivir, y dejar que los demás vivan, conlleva saber que habrá veces en las que ocurrirán cosas que no sean de nuestro completo agrado, pero son consustanciales a una convivencia en comunidad, la misma que hace que un vecino te ayude a subir la compra o avise al 112 si lleva días sin verte, e incluso se manifieste para impedir que te desahucien de tu casa.

Los bidegorris, las peatonalizaciones, el turismo, las bicicletas, las fiestas, el surf, el comercio, la tamborrada, las manifestaciones, las pruebas deportivas…todo puede ser molesto, incluso insoportable, si te lo propones.

La vida mancha, quién lo iba a decir. Me recuerda al Prefecto de Policía Louis Renault en Casablanca: “Qué escándalo…he descubierto que aquí se juega”.

ODIO

No es ningún error tipográfico haberlo puesto en mayúscula. Hay mucho odio en nuestra sociedad. Demasiado odio. A veces es un odio explícito, que se traduce en conductas violentas, físicamente agresivas. Pero la mayoría de las veces no es así, es un odio sutil, que creemos intrascendente y que ejercemos a diario.

Odiar está de moda. Da igual el tema o el contenido. Un tweet, un comentario en Facebook, un post en un blog…siempre tienen más audiencia, más repercusión si expresa ya no rechazo o desagrado, sino odio directamente. Al principio el objeto de ese odio era lo más fácil y más obvio: la política y los políticos. Esos seres abyectos que pasan el día maquinando cómo joder a los ciudadanos que les eligieron y que, aunque no dejan de ser el reflejo de quienes representan, tienen la desgracia de que a nadie le gusta ser el espejo que emite una imagen que rechaza quien la recibe. También fue (y sigue siendo) fácil odiar a los pérfidos bancos: vayamos todos, yo el primero, por la senda del despecho bancario.

Hasta ahí todo fue bien, porque la ira estaba justificada, al meter en el mismo saco a quienes trabajan con honradez y rigor y el golferío bancario y político -que lo hubo, y a espuertas-, y llegaron los nuevos partidos políticos a canalizar ese odio y decirnos exactamente todo aquello que queríamos oír. Realmente no proponían ninguna solución ni respuesta concreta, pero fue suficiente para obtener unos espléndidos resultados e incluso algunas Alcaldías relevantes. Y ahora, ya pasada la euforia y bajada la espuma del champín, empezamos también a odiar a quienes nos insuflaron ese odio.

El odio se ha ido extendiendo tanto que hemos encontrado en él la solución perfecta para canalizar todas nuestras frustraciones  e incomprensiones que vivimos cada día. El odio ya es “mainstream”, ya es tendencia. El odio es “cool”, el odio es “trendy”, el odio está de moda. Ya tiene su denominación en inglés, quienes lo ejercen son “haters” (odiadores), y tiene hasta expresión propia: “haters gonna hate”.

Y, a partir de ahí, todo es odio. Se puede odiar una cosa y la contraria, pero lo importante es ser un “odiador”, e incluso si puede ser, un amargado odiador. Odiamos Halloween porque es una fiesta extranjera, pero también fiestas locales, como los Sanfermines, la Semana Santa, la Tomatina o los Castellers. Odiamos a Hillary Clinton porque es lo peor pero…”¿cómo? ¿qué ha ganado Trump?…odio a ese tío”. Confieso que me fascina, por ejemplo, que haya gente capaz de odiar los toros, el fútbol, la reforma de Anoeta, la incineradora, el Metro, el desarrollo de un polígono industrial, la VPO, la Navidad, que haya luces de Navidad o que no las haya, el coche, la bicicleta, la Autovía, el TAV, la Semana Grande, el poco ambiente nocturno,…y todo ello AL MISMO TIEMPO, incluso aunque haya cosas contradictorias entre sí. Quizá no lo odien tanto, realmente, lo que ocurre es que odiar nos resulta mucho más cómodo, del mismo modo que es más sencillo pisotear un castillo de arena que pasarse una tarde construyéndolo.

“Ya no acompañamos en el sentimiento, acompañamos en el odio”

Buscar alternativas, trabajar una idea, llevarla a cabo, contrastarla e incluso arriesgarse al fracaso es mucho más difícil e incluso frustrante que destruir lo que otro ha creado. Odiar no nos exige compromiso, no nos exige inventiva, ni siquiera imaginación: basta con ver media hora un programa de cualquier canal a los que llaman “tertulia política” (que no es más que espectáculo guionizado) para tener un argumentario envasado al vacío (mental) o copiar o compartir el estado de Facebook de un amigo, un texto de whatsapp o un tuit de alguien más cabreado que uno mismo al que ni siquiera tenemos por qué conocer ni saber si los datos que contiene son ciertos. Y si eso nos parece demasiado esfuerzo, siempre podemos poner un “me gusta” al comentario de otro odiador con nuestro portátil calentándonos el regazo. Ya no acompañamos en el sentimiento, acompañamos en el odio.

Y es una verdadera lástima. Porque sí, es cierto, nos sobran los motivos para odiar muchas cosas y a muchas personas, cualquier informativo puede certificarlo. Pero nunca vino nada bueno del odio, bien lo sabemos por estas tierras. Y cuando pase la moda del odio, que creemos irrelevante, miraremos hacia atrás y sólo veremos tierra quemada, destrucción y desasosiego.

Por eso, dejadme que, sin que sirva de precedente, no siga esta vez la moda y reivindique el valor de la proposición, del diálogo, del optimismo incluso. Del acuerdo, de dar la razón, de escuchar, de comprender y respetar el otro punto de vista, de disfrutar de todo lo que tenemos y somos, de una sociedad imperfecta, pero con muchísimas cosas y valores positivos.

No me apetece nada odiar. Me cansa y hastía, me da hasta pereza. Que odien otros.