El club de los pusilánimes

Soy muy fan de los pusilánimes. Así, en general.

Según “Word Reference” una persona pusilánime es aquella que está falta de ánimo y valor para soportar las desgracias o hacer frente a grandes empresas. Un mierdecilla, vaya. Alguien muy mal visto en una sociedad cuyos programas líderes de audiencia consisten, fundamentalmente, en gente gritando en un akelarre al que ellos llaman “tertulia” o “debate” en cualquier cadena y a casi cualquier hora, aunque la palma se la llevan aquellos en los que Ud, amable lector o lectora, y yo estamos pensando.

Vivimos en una sociedad -especialmente en este momento la española- que adora a quienes parecen tener las ideas claras, que no dudan, que no ven en el adversario un atisbo de razón, que elevan su tono de voz con el derecho de quien se sabe portador de la verdad absoluta. Y si además lo hacen gesticulando y señalando con el dedo, la mano e incluso invadiendo el espacio vital de la otra persona conculcando todas las reglas de civismo y urbanidad que aprendimos siendo quizá críos, pues aun mejor.

Frente a ellos, alguien que duda no es de fiar. No puede serlo. Alguien que quiere escuchar al rival, al diferente, al enemigo incluso; que puede admitir en sus argumentos algún atisbo de certeza y atinamiento no merece nuestra atención ni casi nuestro respeto. A quien calla, medita, oye y, en consecuencia, duda antes de tomar una determinación que puede influir en la vida de las personas muchas veces, se le desprecia. A todos nos caen simpáticos gente como Del Bosque o Pau Gasol, pero a la mínima oportunidad los descuartizamos si se salen del carril que teníamos reservado para ellos y su pusilanimidad.

Y qué decir ahora que existen las redes sociales…desde ellas se pontifica y sienta doctrina sin consentir que alguien en nuestro muro en Facebook o nuestro tweeter nos reviente la noticia o el argumento, aunque no sean ciertos, así que los borramos, les hacemos “unfollow” y luego les ponemos a parir cuando ya no nos pueden replicar, cautivos y desarmados.

Es el nuevo modelo de sociedad, la de los argumentarios enlatados llave en mano. Pero vendidos con arrojo, determinación y gallardía, sin márgen a la duda. Que para eso ya están los pusilánimes, oiga, la lacra de nuestro tiempo.

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