Políticos Septuagenarios

Hace tiempo que le vengo dando vueltas a una idea que, finalmente, e inspirado por el ablandamiento cerebral propio de estas fechas y el calor de este raro noviembre, he decidido plasmar por escrito, ya veremos si con más o menos fortuna.

Tras las últimas elecciones Municipales y Autonómicas en algunos lugares hemos podido ver cómo han pasado a ocupar puestos de máxima responsabilidad personas que superan los 70 años de edad, es decir: septuagenarios. Los ejemplos más llamativos son, por su repercusión mediática y la importancia del cargo que han ocupado, los de Manuela Carmena como Alcaldesa de Madrid y Revilla como Presidente de Cantabria. Pero hay algunos más, igual que Senadores, Diputados…Parece una “moda”, quizá con cierto regusto de lo que podemos ver en las Presidenciales de USA con Hillary Clinton o John McCain en el pasado.

Vaya por delante que no tengo nada en contra, ab initio de esos nombramientos, apoyados los dos primeros, de hecho, por el Partido al que pertenezco. Pero sí tengo serias dudas, por principios, de que una persona que supera los 70 años ocupe determinados puestos con una determinada responsabilidad. Lucía Querido, una compañera argentina del PSE que fue Juntera y Concejala en Pasaia, muy apreciada por mí, me dijo en cierta ocasión que “para estar en política había que tener muy buena salud”. Ella superaba los 60 años cuando me lo dijo (ya ha fallecido, por desgracia) y yo no llegaba a la treintena y no ocupaba cargo institucional alguno, por lo que no conseguí entender muy bien aquella frase. Con el paso de los años he comprendido perfectamente a qué se refería: agendas infinitas, tensiones, presión en las reuniones, horarios ilimitados, sin fines de semana en muchos casos…

Encuentro muy meritorio, e incluso loable, que una persona que ha tenido una trayectoria vital y profesional muy dilatada, con una jubilación económicamente más que resuelta y que ahora podría dedicarse a pasar plácidamente sus días leyendo y cuidando de sus nietos tome la iniciativa de implicarse socialmente y encabezar una candidatura, estando dispuesta a sacrificar casi todas las horas al día al servicio de sus conciudadanos. Pero me pregunto si no hay un punto de egoísmo en esa decisión. Si el hecho de cumplir una ambición personal no puede ir en perjuicio de ese servicio ciudadano que se presume quiere dedicarse. ¿Hasta qué punto una persona de cierta edad tiene la fuerza, la salud, el impulso de estar diez o doce horas al día durante cuatro años trabajando al máximo nivel?

Y, a todo ello, añadamos la derivada del mensaje que se manda a la sociedad en pleno auge del debate sobre las edades de jubilación, la vida laboral…Mi abuelo era cantero y trabajaba picando piedra en la calle, literalmente. Mi padre era tornero y trabajó pegado al torno hasta los 65 años, para no perder nada de su bien merecida jubilación, de la que ahora disfruta. En ambos casos eran profesiones físicamente muy duras (recuerdo a mi padre trayendo los viernes a casa los buzos del trabajo tiesos, llenos de grasa y sudor para lavarlos en casa el fin de semana, y llevarlos a una lavandería porque estropeaban la lavadora de casa).  Para ellos, pensar en estar currando con 72 años, como en el Caso de Revilla, sería no sólo impensable, sino una auténtica tortura. Al igual que para muchos trabajadores.

Sé que hay muchos ejemplos de políticos/as que han sido President@s, Alcaldes/as, Ministr@s…con una edad considerable. Pero no tanta como ahora creemos: Tierno Galván, apodado “el viejo profesor” fue elegido Alcalde de Madrid con 61 años (¿a que pensabais que tenía muchos más?), es decir, con 10 años menos que su homóloga Carmena. Churchill fue Primer Ministro con 66, o Calvo Sotelo con 55, aunque tenemos una imagen de ambos que seguramente nos evoque una mayor edad. Sí hay algún caso muy extremo, como el de Ronald Reagan, que llegó en su último mandato a los 78 años, o el recurrente caso de Carlos Soria, alpinista de élite a la friolera de 76 años.

Pero son eso: excepciones. Pensad en vuestr@s abuel@s, padres, madres, que superen los 70 años de edad. Y ahora pensad si están físicamente en condiciones de aguantar madrugones,  una agenda diaria de reuniones, vistas a barrios, llamadas, viajes por toda una Comunidad Autónoma si eres President@ autonómic@….y así cada día durante al menos 4 años, sin más interrupción que 15 ó 20 días de vacaciones a duras penas, en las cuales no van a poder desconectar ni un solo día.

No hago con esto un panegírico de la juventud ni del adanismo en política. Ya escribí un post al respecto, y creo que la juventud o la inexperiencia no son un valor en sí mismas, por mucho que ahora parezcan ser la solución al problema de comunicación de algunos partidos, especialmente de los más tradicionales o conocidos. No es esto la versión bloguera de “La fuga de Logan”, válgame el cielo conquistado por asalto.

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Pero tampoco creo que el extremo opuesto sea la panacea ni responda realmente a las exigencias de la sociedad moderna. Porque una cosa es estar muy lúcido de mente (que puedes estarlo hasta los 100 años) o relativamente en forma para cuidar al nieto unas horas al día o unas vacaciones y otra muy distinta poder responder a la exigencia física de determinados puestos de responsabilidad. Y, aunque sé que puede parecer impopular o injusto, creo que en la vida hay edades para todo, y tengo serias dudas de que siendo septuagenario puedas cumplir con eficiencia y como la ciudadanía espera de tí con determinados cargos y determinadas exigencias al máximo nivel.

No sé…quizá he escrito este post carcomido por la envidia de saber que, al menos hasta ahora, los celadores, pasteleros o los peluqueros griegos podían jubilarse a los 50 años. Pero claro, ni calvo ni con dos pelucas.

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Toros y Votos

“Yo, que detesto sus ideas, moriría por su derecho a defenderlas en libertad”. Voltaire

 

El pasado jueves 30 de Julio se debatió en el Pleno del Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián una Moción de Irabazi y EH Bildu en la que se solicitaba impedir que se celebrasen corridas de toros en nuestra ciudad. No repetiré los argumentos utilizados en esa Moción, porque son públicamente conocidos (y no diferentes de los utilizados en cualquier otro lugar) y no reproduciré tampoco aquí los argumentos para rebatirla, porque también se pueden adivinar fácilmente, ya que también son los habituales en estos casos.

En una sociedad mediática como la actual, donde se debe intentar resumir todo un pensamiento o teoría política en 140 caracteres o pretenden que consumamos tertulias-basura guionizadas haciéndolas pasar por “debates políticos”, es muy difícil intentar explicar de manera pausada y racional una votación en un pleno o un argumentario político. Pero como el blog es mío y, como diría un buen amigo, para eso lo pago, aprovecharé para transmitir un par de ideas básicas de por qué voté en contra de esa Moción para eliminar la celebración de las corridas de toros en nuestra ciudad, siendo como soy -y quienes me conocen personalmente lo saben- no favorable a las mismas.

Hace algunos años, el Grupo Municipal Socialista de Logroño tuvo a bien invitar a compañer@s de capitales de provincia cercanos a las fiestas de la ciudad. La invitación consistía en acudir a un acto en el Ayuntamiento, una comida en una bodega de vinos (aún creo que me queda en el cuerpo frío insertado del que pasé en aquella cava) y una “sorpresa final”, que no era otra sino ir a una corrida de toros. Aunque por mí mismo nunca hubiese ido, el hecho de la cortesía y que iba acompañado de otra persona con la que tenía que volver a San Sebastián hizo que tras la comida fuese también a la plaza de toros. Plaza que tenía además la peculiaridad de ser “gemela” de la de Donostia. Hecha con los mismos planos, en un lugar similar…era como haber teletransportado Ilumbe a Logroño; fue una sensación muy curiosa.

Yo nunca había visto una corrida de toros en vivo, sólo de pasada en la televisión sin prestar mucha atención, pero lo que ví allí me disuadió de volver a ver nunca más ninguna otra. Sencillamente me resultó desagradable y no pasé del segundo toro. Le dije a mi compañera que le esperaba fuera para volver juntos de nuevo a San Sebastián. Salí discretamente y no volví a ver un toro en una plaza desde entonces hasta el día de hoy, y no tengo intención de volver a verlo nunca.

Con estos antecedentes, alguien podría preguntarse y preguntarme: “¿y por qué votaste en contra de prohibir las corridas de toros?” o : “¿por qué votaste a favor de que haya corridas de toros?” E incluso yendo un poco más allá “¿por qué no te abstuviste?”…y esta es mi respuesta:

Porque yo no voté a favor de que haya corridas de toros en Donostia/San Sebastián, sino a favor de la LIBERTAD para organizarlas y ofrecerlas a quien quiera acudir a ellas sin que cueste un euro, más bien al contrario, sea un ingreso para el erario público. Voté en contra de prohibir una actividad que, a día de hoy, es LEGAL en nuestra Comunidad Autónoma y que si se quiere prohibir deben cambiarse las normas de Juegos y Espectáculos con una mayoría parlamentaria que legítimamente lo consiga en una votación. Y porque, aunque jamás iré a los toros, no soy anti-taurino, de la misma manera que no voy al fútbol (a Anoeta sólo he ido a ver Rugby) pero no soy anti-fútbol.

Y voté en contra de esa Moción porque, aunque sea poco popular decirlo, yo sí creo en la mal llamada por algunos “disciplina de voto”. Creo que en un grupo debe haber debate y contraste de ideas, pero una vez adoptada la decisión por mayoría del mismo, el resto debe aceptarlo y votar conjuntamente, porque eso es lo que quienes nos votan esperan, y porque lo contrario será un descontrol cuyos límites son difíciles de determinar.

Creo que es muy probable que algún día la llamada “fiesta de los toros” acabe desapareciendo. Seguramente lo haga porque no es rentable, porque no queda ya público a quien le pueda interesar o, en todo caso, porque si se prohibe su celebración, se haga porque una mayoría de un parlamento elegido democráticamente así lo ha establecido, igual que se prohibió fumar en espacios de uso público, en una de las mejores decisiones y propuestas de toda la época de gobierno de Zapatero, por cierto.

No diré aquello tan facil y cómodo de que estoy en contra de cualquier prohibición, siguiendo el argumentario liberal EsperanzaAguirresco, porque sí estoy a favor de determinadas prohibiciones. Estoy a favor de prohibir las actitudes y actos racistas, xenófobos, homófobos, de intolerancia…estoy a favor de prohibir la discriminación por razón de género o credo. Estoy a favor de prohibir el maltrato a la infancia y, por supuesto de la violencia machista. Estoy en contra de muchas cosas, de todas aquellas que impidan el ejercicio de las libertades individuales y colectivas que, a su vez, respeten también la libertad ajena y la convivencia pacífica y respetuosa.

Por último, hay quienes nos reprochan que mi partido haya rechazado el mismo día las corridas de toros en otros lugares, como Palma de Mallorca. Esas cosas pasan cuando militas en un partido grande y con muchos matices. Lo que para alguien puede ser una debilidad a mí me parece una riqueza y una diversidad. Pero, por favor, si recurrimos a las incoherencias, la imágen del Alcalde de Iruña/Pamplona de Bildu presidiendo una corrida de toros en la Plaza en los últimos San Fermines con chistera y todo, y sin ninguna pinta de estar sufriendo lo más mínimo creo que tampoco permite a otros dar demasiadas lecciones de coherencia.

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Por cierto: espero seguir subiendo a Ilumbe cada 15 días éste año, como llevo haciendo los últimos 5 años. A ver baloncesto, claro.

El laberinto de la mente

Durante muchos años, décadas de hecho, en nuestra sociedad han existido una serie de tabúes que, a fuerza de serlo, llegaron incluso a estar socialmente aceptados. Es decir, era políticamente correcto mantenerlos vigentes y de mal gusto hablar de ellos en público, en la prensa, entre amigos, familia…No hace falta hacer un gran ejercicio de memoria para recordar de qué estamos hablando: la religión, el sexo, escatológicos…en Euskadi tuvimos el bonus track de no poder ser conveniente hablar de política más que en grupos reducidísimos y, a poder ser de mucha confianza. Hay, obviamente, otros muchos, pero estos son algunos de los más reconocibles y que encabezarían el ránking de cualquier encuesta muy poco elaborada que pudiera hacerse al respecto.

Pero esas, como digo, son materias cuya reserva es más virtual que real. Son temas aparentemente tabúes, pero de los que se acaba hablando con relativa normalidad e incluso, dependiendo del contexto (amigos, familia…) con cierta hilaridad. Sin embargo hay tabúes verdaderos, de los que ocultamos en el fondo de nuestra conciencia con un bloque de cemento encadenado a sus pies. Cosas que si acontecen en nuestra familia, en nuestro entorno, hacemos lo posible por esconder, por evitar, por relativizar o sencillamente por obviar. Y, en mi opinión, el problema de las enfermedades mentales ocupa sin ninguna duda el primer puesto de nuestro miedo a la revelación o al escrutinio público.

Y llama mucho la atención que sea socialmente y, sobre todo, informativamente “transparente” una cuestión que es, por ejemplo, la primera causa externa de los fallecimientos  en España, desde hace muchos años. Es decir, más que los accidentes de tráfico. Sólo en 2012 ya subió un 11% respecto el año anterior, DUPLICANDO ese año a los fallecidos en accidentes de tráfico (3.500 suicidios frente a 1.309 por tráfico). Hay campañas, anuncios, presupuestos cada vez mayores para combatir esa “lacra” que son los accidentes de tráfico y que nos espantan cada vez que nos toca cerca o vemos imágenes de amasijos de hierro en una carretera provenientes de un accidente en el que se han visto implicadas varias personas, especialmente si son jóvenes, hay niños…pero nada sabemos de los fallecimientos por suicidio. No hay noticias, comentarios, ni siquiera un breve en un periódico. La propia familia, si puede, oculta cuál ha sido la causa de la muerte: un “accidente doméstico”, una caída “limpiando las ventanas”, un “lo encontraron tumbado en la cama y no se sabe qué ha sido”…hay muchísimos ejemplos que todos podemos recordar.

Laberinto - copia

El reciente caso del piloto del avión de Germanwings, o el niño de la ballesta hoy mismo en el Instituto Joan Fuster, son casos que súbitamente nos despiertan de ese letargo, de esa ocultación vergonzante para convertir a su causante o protagonista en un ser extraño, despreciable incluso, en lugar de lo que verdaderamente es: una persona enferma, con una patología que tiene sus causas y que, como cualquier otra enfermedad puede tener un diagnóstico y el correspondiente tratamiento. No suele ser fácil, y requiere de mucho apoyo y determinación, especialmente del círculo más cercano a la persona afectada. Pero no es en absoluto incurable. Pretender apartar de su trabajo, de su vida habitual a personas que, por ejemplo, sufran una depresión durante un tiempo, como se propuso en el caso del piloto alemán es una barbaridad y un despropósito sólo al alcance del país que ha inventado el cuñadismo, como es España.

Recuerdo que, durante muchos años, las personas con cáncer que estaban en tratamiento de radioterapia o quimioterapia, con la afección física que eso suponía, se escondían, pasaban semanas sin salir a la calle o lo hacían solo para lo imprescindible. Ellos y sus familias lo ocultaban o simplemente intentaban evitarlo, exactamente como ahora las enfermedades mentales. Hay mucho que hacer respecto a este tema, pero su visualización social, su normalización, su “despenalización social” debe ser un paso fundamental para poder abordarlas con mayor eficacia y conseguir un mejor apoyo de todo el entorno. No es cierto que hablar de suicidios tenga un efecto llamada, no está demostrado. No es cierto que una persona que ha sufrido un episodio de depresión, de ansiedad, o incluso que sea bipolar, esquizofrénica…quede inhabilitada para tener una vida normal si se ha diagnosticado y tratado correctamente.

Debemos ser conscientes de que todos podemos pasar por un episodio de este tipo, nadie está exento ni protegido, como no somos inmunes a un cáncer, a un alzheimer, a una gripe o una esclerosis. Razones genéticas, problemas familiares, laborales, económicos o de cualquier otro tipo pueden causarnos o producirnos una tipología diferente de enfermedad o trastorno mental. a cualquiera y en cualquier momento. Tratarla con normalidad, no esconderla, abordarla con decisión y con el apoyo de quienes nos rodean puede suponer la diferencia de un largo periodo de oscuridad e incluso algo más grave o, por el contrario, poder superarlo en un plazo razonable de tiempo, e incluso convivir con normalidad si la enfermedad persiste. Y, desde luego, lo último siempre debe ser criminalizar o despreciar a quién la sufre, porque es un castigo añadido e inmerecido que nunca va a conseguir mejorar ningún resultado.

El Adanismo salvador.

Hace unos días me sorprendió que una persona que lleva algunos trienios en política y licenciada en Sociología desconociera el significado del término “adanismo” referido, precisamente a la política. De un modo resumido y sencillo, el “adanismo”, en general, parte de la idea de que Adán fue el primer ser humano sobre la tierra, y por lo tanto el orígen de nuestra especie. Después vino Eva, que salio de su costilla, etc, etc…

Haciendo una inmediata traslación a la política podríamos definir el adanismo político como la idea (o la tentación) de construir una teoría política y un discurso partiendo del desguace de todo lo existente hasta ese momento. Nada de lo hecho y construido nos sirve, así que debemos derribarlo y comenzar algo nuevo sobre los escombros de lo viejo. La historia, la memoria, los logros obtenidos con esfuerzo han sido estériles o, lo que es peor, perniciosos, y nos han traído a una situación inadmisible que debemos cambiar desde su raíz. Hacia dónde y cómo debe ser ese cambio quizá sea lo de menos, el caso es hacerlo. Y deben hacerlo aquellos que nunca hayan participado en el sistema actual.

Siempre he huido de los símiles deportivos, que creo facilones y poco imaginativos, pero discúlpenme mis amables lectores y lectoras (si los hubiera) si les pongo una imágen que les resultará conocida para explicar mi teoría:

 

Simeone

 

Supongo que le habréis reconocido: es Diego Pablo Simeone, más conocido ahora por el “Cholo Simeone”, el nuevo profeta del fútbol español que pregona su doctrina, el “cholismo”, consistente en una idea muy simple: el “partido a partido”. Sobre él y su forma de actuar, de entrenar, incluso su estética se han llenado horas de radio, páginas de periódico, miles de comentarios en internet. Pero,¿habéis visto qué pinta tiene en esa foto?…¿de verdad, viendo esa foto, alguien podría pensar que unos años más tarde uno de los jugadores más broncos, macarras y, a tenor de la imágen, con peor gusto vistiendo del panorama futbolístico de los años ’90, podría volver reencarnado en un hombre de principios, elegante (para según quién), filósofo y triunfador?

Si se le hubiese aplicado la teoría del adanismo, el cholo debería estar en su casa, viendo los partidos de liga con una batamanta y acariciando a su perro mientras toma una Quilmes. Lo que hizo, el bagaje que obtuvo como jugador, su experiencia, incluso esa horrible camisa hawaiana le inhabilita para poder hacer nada más en la vida. Bueno, nada más relacionado con el fútbol y la moda, vaya.

Cuando algunos pretenden que olvidemos todo lo logrado hasta ahora, haber conseguido la Sanidad y la Educación Universal; la modernización del país; formar parte de la Unión Europea y ser un país “homologado” (con sus imperfecciones) al resto de la misma sin tener que pasar vergüenza cada vez que salías fuera; haber sido incluso pionero en materia de igualdad de género, derechos civiles, y hasta en energía renovable; o haber superado la lacra de una banda terrorista que se empeñaba en ser el último vestigio de la intolerancia en Europa; todo ello ahora nos dicen que debemos olvidarlo, tirarlo por la borda y hasta repudiarlo. Algo así como si, al divorciarte, renegases de tus hijos, renunciases a la parte de la vivienda que te corresponde y a cualquier amigo o persona que conociste como consecuencia de una relación anterior. ¿Parece una locura, verdad?…pues en eso estamos, y a mucha gente le parece fenomenal.

Gente sencilla

Una de las mejores cosas (y no fueron pocas) de dejar atrás diez años de ir escoltado fue volver a utilizar el transporte público con cierta regularidad. Sé que habrá quien piense que eso de que te lleven en coche de un lado a otro mola mucho, es cómodo, te da un cierto “status”…en mi opinión nada más lejos de la realidad, y siempre me resultó incómodo, por muchas razones que ahora no voy a desarrollar por no ser el objeto del post.

A lo que iba: aunque haya quien tenga el uso del transporte público (Metro, tren, bus…) como castigo, a mí siempre me ha gustado utilizarlo. Incluso cuando salía de casa a las 7:30 para coger en la mítica parada de “Yoplait”* en Herrera el transcantábrico Altza-Antiguo, cuyo recorrido duraba 45 minutos e iba tan lleno que desafiaba las leyes de la física, me gustaba ver a la gente, hablar, observar los comportamientos humanos. No hay que olvidar que hablamos de los años ’90, cuando no existían prácticamente los móviles (incipiente “Moviline“) y las redes sociales eran auténtica Sci-Fi ni siquiera imaginada por Asimov, por lo que no nos quedaba más remedio que mirarnos a la cara y hablar entre nosotros, algo que quizá hoy espantaría a muchos jóvenes (y no tan jóvenes).

logo_yoplait                                                   (*Aquí el logo de Yoplait, que, para la audiencia más jóven conviene tal vez aclarar que se trataba de una marca de yogures)

 

Muchos años después he recuperado esa costumbre de usar el transporte público, especialmente el Metro. Ahora es infinitamente más cómodo, más desahogado, el recorrido es mucho más corto y tenemos los móviles que, paradójicamente, nos convierten en seres asociales. Pero me sigue gustando observar a la gente, entablar cortas conversaciones, intrascendentes, relajadas, amables. Y he vuelto a ver, porque lo uso muchos domingos, a personas de cierta edad (llamémosle “mayores”) que montan en el Metro (o Topo, como quieran) vestida de eso exactamente: “de domingo”. Es gente sencilla, personas que trabajaron toda su vida bajo la premisa de que el trabajo dignifica, de que el que paga descansa y valorando y saboreando el verdadero valor de un día festivo. Gente que quizá durante la semana estaba llena de grasa del taller, de harina del horno, o simplemente con ropa de casa para trabajar en ella. Pero que el domingo vestía sus mejores galas, sacaba del cajón su reloj de oro para dar un paseo, para ver y dejarse ver, para que en su barrio supieran que también podían ir guapos y no eran menos que nadie.

La gente sencilla es la inmensa mayoría. Gente que aspira a una vida tranquila, a que sus hijos e hijas puedan tener un futuro, como mínimo menos malo y a poder ser mejor que el pasado que ellos tuvieron. Que esperan tener una jubilación sin sobresaltos y que la salud les respete. Gente que no hizo otra cosa que trabajar y ahorrar lo que podían, disfrutando seguramente menos de lo que hubiesen deseado y, sin duda, merecían.

Sólo aspiro a poder ser como ellos. A representar y defender sus necesidades, sus preocupaciones y sus alegrías, aunque sean menos quizá que antes. Sólo aspiro a poder ir en el Metro dentro de 30 años vestido de domingo, con mi dignidad íntegra, camino a casa de mi hija, a ver quizá a mi nieto o nieta, con la conciencia tranquila pensando que hice lo mejor que pude y supe para darles una educación, unos valores y un cariño del que siempre se puedan sentir orgullosos, sabiendo que son y deberán ser siempre gente sencilla.

 

9 Palabras modernas, pero que ya existían

Mucho se ha hablado sobre los anglicismos de determinados términos, conceptos….no es un debate nuevo, en absoluto. Había quien hace décadas se llevaba las manos  la cabeza por hablar del “CD-Rom” o el “Hardware” o quién se creía ir al último grito haciendo jogging. En la medida en que, cada vez, hablamos o conocemos más el inglés y su terminología, ya no nos sorprende tanto la denominación en esa lengua de algunos conceptos o palabras, pero sí que algunos los empleamos creyendo ser los más modernos del pueblo, del barrio o de la ciudad. Eso incluye, ojo con ello, también algunos términos en castellano que se utilizan para describir un determinado contenido, tendencia, experiencia….

Este es mi poco sesudo y reflexionado análisis al respecto, poniendo algunos ejemplos que considero ilustrativos y que espero que os sirvan para poneros al día si aún no lo estáis:

Personal Shopper

Si crees ser muy moderna por ver “Blogueras de Moda” y tener (o ser) “Personal Shopper”, que sepas que eso ya lo hacía tu madre con tu padre hace 30 años (y quizá alguno menos), cuando le elegía la camisa, el traje o hasta los calcetines, e incluso le dejaba encima de la cama la ropa que ponerse cada día. Aún hoy en día se me cae alguna lagrimita al ver cómo un hombre de mi generación (o más jóven) le pregunta a su mujer: “¿Qué talla tengo, cariño?”

Brunch

Una expresión inglesa derivada de la unión de dos palabras: breakfast y lunch para definir una comida super cool que puedes hacer a mediodía, incluso en pijama, en un hotel, en un restaurante, en un bar….Es decir, lo que toda la vida ha venido siendo el aperitivo del domingo, el hamaiketako vasco o el “vamos a tomar el vermuth”. Solo que ahora con barba hipster.

FOMO

Es un acrónimo de “Fear of missing out”, es decir, el “miedo a perderse algo” , a no estar a la última, a no leer el último tuit ingenioso, el último vídeo de Facebook, el último post de Ignacio Escolar sobre vaya Ud. a saber qué. Eso era lo que, quienes hemos vivido en “bloques” de 16 pisos conocemos como pegar la oreja a la puerta o abrirla incluso un poquito o, directamente, salir a la escalera a enterarte de qué estaba pasando con la vecina del 6º y sus movidas con la del piso de abajo.

Crowdfunding

Cuando un proyecto -normalmente empresarial- no consigue la financiación adecuada o suficiente por las vías tradicionales, acude a financiación de personas individuales basándose, normalmente, más en las afinidades personales o sociales que en la expectativa de sacar un beneficio económico por quien aporta.

Básicamente, viene a ser lo que antes era poner esta carita a tus amigos y familiares

gatoy pedirles que te dejasen algo de dinero para un negocio genial que se te había ocurrido.

 

Amigovios

Este es un término recién acogido por la RAE que viene a definir una relación superior a la de la amistad, pero inferior a la del noviazgo. Lo que desde hace años se conoce como “follamigo/a” o, simplemente “un rollete” con el que te desfogas de vez en cuando, seas mujer u hombre y estés, preferentemente, soltero/a

Claro que la RAE también ha admitido “papichulo“, así que no es necesariamente de fiar en lo que a innovación se refiere…

Hiperémesis gravídica

¿Creías que tenías nauseas o vómitos propios del embarazo? Ay, inocente de tí… Lo que toda la vida ha sido encontrarte mal, mareada o con mal cuerpo, especialmente en los primeros meses del embarazo ahora se llama así: Hiperémesis gravídica . A cada solución, un problema.

Outfit

Si creías que con un “me pongo lo primero que encuentre en el armario” era suficiente para salir a la calle hoy en día o tenías un evento e intentabas combinar las prendas para no parecer el payaso de Micolor, estás muy equivocado/a. Ahora tienes que tener un outfit, nada se deja al azar y, mucho menos a tu inspiración cromática, especialmente si eres hombre o no te guías por “Blogueras de Moda” (ver punto 1º)

El colmo de rizar el rizo es el “working outfit”

 Coworking

En 1.994 me incorporé a un despacho de abogados compartido entre 3 en el cual pagábamos los gastos de manera común. Posteriormente nos cambiamos a otro piso más grande y vino un graduado social y otra abogada, así que ya éramos 5. Poníamos la misma cantidad todos los meses, pero teníamos un despacho más lustroso, amplio y cómodo. Y, al igual que nosotros, había infinidad de profesionales que compartían espacios: consultas de médicos, de dentistas, arquitectos/as, procuradores/as…la lista sería infinita.

Pues hoy en día ya no haríamos eso: haríamos coworking , porque “compartir despacho o consulta” es de viejunos que están out.

It-girl/ It-boy

Qué tiempos aquellos de los “ídolos juveniles” en los que llevábais las carpetas “forradas” con fotos de Leif Garret, Don Johnson, Pedro Marín, Miguel Bosé o, los más atrevidos llevábamos, además de la consabida retaíla de coches y futbolistas una foto de Monica Belucci, Michelle Pfeiffer o Maribel Verdú. Hoy en día hay que seguir a las It-girls o a los It-boys para saber qué es tendencia y qué y cómo tenemos que salir a la calle con nuestros “outfit”. No es ya necesario cantar bien o mal o ser una deportista de prestigio.

Las firmas y los medios caerán postrados ante tí si eres una it-girl (pervirtiendo, por cierto, el orígen del término, que era nada menos que de Rudyard Kipling)

PedroMarin-01(Pedro Marín, molando fuerte)

 

Esta es mi pequeña y personal lista para que te vayas desenvolviendo en el mundo moderno. Podrían haber sido 10 términos, pero la imperfección queda más trendy.

 

 

 

 

Presuntos

Siempre que hay un caso socialmente relevante en el ámbito judicial, es habitual que familiares, amigos, conocidos me hagan la misma pregunta, como Abogado colegiado: “¿tú defenderías a esa persona?” (refiriéndose a un criminal, a un violador, a un defraudador, a un corrupto….) y la respuesta, por defecto, de un profesional que se dedica a ejercer el Derecho, siempre es la misma: “todo el mundo tiene derecho a la defensa, y todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario”.

En un mundo y, especialmente, un país en el que los muros, las certezas, los mitos y los ídolos caen a puñados cada día, incluso una verdad aparentemente inmutable como el derecho a la defensa y a la presunción de inocencia, han flaqueado hasta quedar prácticamente inertes. El derecho a la Defensa lo ha reducido a la mínima expresión el hoy malogrado Ministro Gallardón con sus abusivas Tasas Judiciales y una Justicia Gratuita en mínimos históricos (responsabilidad esta del Gobierno Vasco) que hacen que para personas de recursos limitados o, simplemente para la otrora pujante y ya hoy escuálida “clase media”, sea de facto casi imposible emprender un proceso judicial para defender sus intereses, y ya no digamos recurrir a instancias superiores.

Pero, si el derecho a la defensa ha menguado, la inquebrantable Presunción de Inocencia, pilar de cualquier Estado de Derecho que tenga la decencia de querer llamarse así, se nos está escurriendo entre las manos como un reloj de arena quebrado por apretarlo demasiado. El término “paciencia”, derivado del latín “pax” (paz) y “scientia” (ciencia) ya ha cubierto todas las acepciones posibles en el ánimo de los ciudadanos, que ya no aguantan más, que están hartos, asqueados y cuya capacidad de asombro no solo no ha tocado suelo, sino que sigue cavando cada día ante un nuevo escándalo.

Y, como no hay paciencia ni credibilidad, tampoco resiste la Presunción de Inocencia. Detienen a un presunto pederasta de Ciudad Lineal y se dan todo tipo de datos, imágenes…que inhabilitan, por ejemplo, la validez de una rueda de reconocimiento, que influye de manera determinante en un futuro Jurado Popular, regalando a su defensa motivos para el recurso de la Sentencia…

Una Presunción de Inocencia que ya ha abandonado a quienes ejercen de manera honrada la política, a quienes jamás robaron un euro o tuvieron una tarjeta de crédito ya no “opaca”, sino simplemente para gastos de representación, por culpa de quienes, en un porcentaje ínfimo, utilizaron la vida pública para el enriquecimiento privado.

culpable

Pero esa fulminación de la Presunción de Inocencia no sólo alcanza a quienes tienen toda la apariencia de ser culpables, sino incluso a quienes llegan a ser víctimas. Hemos visto así que a Teresa Romero, la enfermera infectada con ébola, un Consejero de Sanidad y toda una pléyade de medios de comunicación afines al Partido del Gobierno Autonómico y Central, la acusaban a ella de ser culpable de su propio contagio.

Y en todo esto hay también una responsabilidad ineludible de muchos -no todos- medios de comunicación, de programas matutinos, de pseudo-tertulias presuntamente (estas sí) políticas…que sentencian y condenan sin derecho a réplica, sin análisis sosegado, sin ningún interés por saber el final del caso, que en ocasiones pudiera ser absolutorio, muy bien reflejado, por cierto, en la película “Gone Girl” (Perdida).

Sé que para muchas personas este puede ser un asunto de muy remota importancia. Personas que creen que jamás se verán en una situación en la que su presunta inocencia se vea vulnerada. Pero no es un problema individual, lo es colectivo, un problema que tenemos como sociedad, otro síntoma de una decadencia ética y moral, como la que hace a algunos Diputados de la derecha mofarse de un drama como la pobreza infantil o un director de cine ridiculizar al hombre que se dejó media vida por traer la Paz a este país después de 40 años de terrorismo. Una ruina, una pena en definitiva.