ODIO

No es ningún error tipográfico haberlo puesto en mayúscula. Hay mucho odio en nuestra sociedad. Demasiado odio. A veces es un odio explícito, que se traduce en conductas violentas, físicamente agresivas. Pero la mayoría de las veces no es así, es un odio sutil, que creemos intrascendente y que ejercemos a diario.

Odiar está de moda. Da igual el tema o el contenido. Un tweet, un comentario en Facebook, un post en un blog…siempre tienen más audiencia, más repercusión si expresa ya no rechazo o desagrado, sino odio directamente. Al principio el objeto de ese odio era lo más fácil y más obvio: la política y los políticos. Esos seres abyectos que pasan el día maquinando cómo joder a los ciudadanos que les eligieron y que, aunque no dejan de ser el reflejo de quienes representan, tienen la desgracia de que a nadie le gusta ser el espejo que emite una imagen que rechaza quien la recibe. También fue (y sigue siendo) fácil odiar a los pérfidos bancos: vayamos todos, yo el primero, por la senda del despecho bancario.

Hasta ahí todo fue bien, porque la ira estaba justificada, al meter en el mismo saco a quienes trabajan con honradez y rigor y el golferío bancario y político -que lo hubo, y a espuertas-, y llegaron los nuevos partidos políticos a canalizar ese odio y decirnos exactamente todo aquello que queríamos oír. Realmente no proponían ninguna solución ni respuesta concreta, pero fue suficiente para obtener unos espléndidos resultados e incluso algunas Alcaldías relevantes. Y ahora, ya pasada la euforia y bajada la espuma del champín, empezamos también a odiar a quienes nos insuflaron ese odio.

El odio se ha ido extendiendo tanto que hemos encontrado en él la solución perfecta para canalizar todas nuestras frustraciones  e incomprensiones que vivimos cada día. El odio ya es “mainstream”, ya es tendencia. El odio es “cool”, el odio es “trendy”, el odio está de moda. Ya tiene su denominación en inglés, quienes lo ejercen son “haters” (odiadores), y tiene hasta expresión propia: “haters gonna hate”.

Y, a partir de ahí, todo es odio. Se puede odiar una cosa y la contraria, pero lo importante es ser un “odiador”, e incluso si puede ser, un amargado odiador. Odiamos Halloween porque es una fiesta extranjera, pero también fiestas locales, como los Sanfermines, la Semana Santa, la Tomatina o los Castellers. Odiamos a Hillary Clinton porque es lo peor pero…”¿cómo? ¿qué ha ganado Trump?…odio a ese tío”. Confieso que me fascina, por ejemplo, que haya gente capaz de odiar los toros, el fútbol, la reforma de Anoeta, la incineradora, el Metro, el desarrollo de un polígono industrial, la VPO, la Navidad, que haya luces de Navidad o que no las haya, el coche, la bicicleta, la Autovía, el TAV, la Semana Grande, el poco ambiente nocturno,…y todo ello AL MISMO TIEMPO, incluso aunque haya cosas contradictorias entre sí. Quizá no lo odien tanto, realmente, lo que ocurre es que odiar nos resulta mucho más cómodo, del mismo modo que es más sencillo pisotear un castillo de arena que pasarse una tarde construyéndolo.

“Ya no acompañamos en el sentimiento, acompañamos en el odio”

Buscar alternativas, trabajar una idea, llevarla a cabo, contrastarla e incluso arriesgarse al fracaso es mucho más difícil e incluso frustrante que destruir lo que otro ha creado. Odiar no nos exige compromiso, no nos exige inventiva, ni siquiera imaginación: basta con ver media hora un programa de cualquier canal a los que llaman “tertulia política” (que no es más que espectáculo guionizado) para tener un argumentario envasado al vacío (mental) o copiar o compartir el estado de Facebook de un amigo, un texto de whatsapp o un tuit de alguien más cabreado que uno mismo al que ni siquiera tenemos por qué conocer ni saber si los datos que contiene son ciertos. Y si eso nos parece demasiado esfuerzo, siempre podemos poner un “me gusta” al comentario de otro odiador con nuestro portátil calentándonos el regazo. Ya no acompañamos en el sentimiento, acompañamos en el odio.

Y es una verdadera lástima. Porque sí, es cierto, nos sobran los motivos para odiar muchas cosas y a muchas personas, cualquier informativo puede certificarlo. Pero nunca vino nada bueno del odio, bien lo sabemos por estas tierras. Y cuando pase la moda del odio, que creemos irrelevante, miraremos hacia atrás y sólo veremos tierra quemada, destrucción y desasosiego.

Por eso, dejadme que, sin que sirva de precedente, no siga esta vez la moda y reivindique el valor de la proposición, del diálogo, del optimismo incluso. Del acuerdo, de dar la razón, de escuchar, de comprender y respetar el otro punto de vista, de disfrutar de todo lo que tenemos y somos, de una sociedad imperfecta, pero con muchísimas cosas y valores positivos.

No me apetece nada odiar. Me cansa y hastía, me da hasta pereza. Que odien otros.

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Francia, mon amour

Tras muchos, muchos meses sin añadir un solo post a este blog, he decidido retomarlo como una forma de distracción, admito que incluso quizá evasión en estos tiempos convulsos que vivimos y el asfixiante día a día que me está tocando vivir.

Así pues, y como una forma de “teletransportarme” a otros lugares y con la vocación y esperanza de que pueda servir a quien se esté planteando en breve o a medio plazo un viaje, me he animado a escribir este post, con algunas recomendaciones de ese maravilloso país como es Francia, a veces desconocido, a veces incomprendido e incluso otras veces despreciado por quienes, seguramente no han puesto un sólo pie en tierra gala, pero que opinan removiendo el palillo con el codo apoyado en una pegajosa barra de bar.

Soy un enamorado de Francia, de sus pueblos, sus ciudades, sus rincones…de esa habilidad que tienen los franceses para poner una luz a un peñasco y convertirlo en Monumento Nacional, de saber vivir, de saber beber y comer, de saludarte al entrar y salir de una tienda, de que el camarero se acerque a la mesa y te diga: “je vous ecoute”…incluso qué demonios, de la Torre Eiffel.

Así que, si me lo permitís, voy a recomendaros 10 lugares/destinos en Francia que bien merecen una misa y hasta una peregrinación hasta ellos. No hay un orden ni una preferencia: id a cualquiera de ellos cuando queráis o podáis. Incluso, si podéis, visitadlos todos, aunque os lleve media vida, al fin y al cabo no saldremos vivos de ella:

1 PERIGORD

“Tan lejos, tan cerca”, ocupa, posiblemente el “top five” de los eslóganes turísticos de muchos países, regiones, ciudades…y voy a sacrificar mi orgullo renunciando a la originalidad para recomendaros un lugar, una región francesa que está muy cerca de Gipuzkoa, a escasos 400 kms, pero que atesora algunos de los mejores paisajes y gastronomía de Francia. Y eso, hablando de ese país, es mucho decir.

Tomando como centro de operaciones la ciudad de Sarlat, y con los ríos Dordogne y Vezere como hilo conductor, encontraréis pueblos de ensueño como La Roque Gageac, Beynac, Brantome, Belves, Monpazier…

El Perigord se divide en 4 zonas, por colores, a saber: Verde, Blanco, Negro y Púrpura: cada uno de ellos tiene su propia ciudad de referencia y su propio relato, pero si puedes no dejes de visitar ninguno de ellos.

 

roque_0(La Roque Gageac)

 

2 BURDEOS

Aún más cerca que el Perigord tenemos Burdeos (Bordeaux), capital de Aquitania (bueno, ahora “Nueva Aquitania“, tras la reestructuración administrativa) bañada por el río Garonne y junto con su conurbación, considerada quinta ciudad de Francia.

Burdeos tiene un centro histórico reconocido en parte por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, y ha realizado en los últimos 20 años una labor de rehabilitación interior y de sus “Quai” (antiguos muelles portuarios) digna de ser visitada. Si se puede elegir fecha, recomiendo encarecidamente en Navidades o, en su defecto, la primavera.

Se puede ir en tren (TGV), pero si se decide ir en coche, merece la pena acercarse a Saint Emilion, capital vinícola de la región y pueblecito con un promontorio realmente delicioso desde el que se divisa todo un valle de viñedos que poco o nada debe envidiar a los paisajes toscanos.

burdeos-plaza-bolsa(Plaçe de la Bourse- Bordeaux)

 

3 Charente Maritime

Unos kms más arriba de nuestra sobradamente conocida costa Aquitana, en la que no voy a insistir, se encuentra el Departamento “Charente Maritime”, ahora englobado en la ya mencionada región de Nueva Aquitania, y que tiene auténticas joyas que no hay que dejar pasar si nuestro objetivo es conocer medianamente Francia.

Debido a su ubicación y climatología, recomiendo visitarla en los meses de mayo, junio y hasta mediados de julio, no más tarde, a llenarse después de parisinos y visitantes del resto de Francia e inlgeses, con las aglomeraciones que ello conlleva.

Una simple visita a San Google nos desvelará qué lugares visitar y recorrer, pero bajo ningún concepto hay que dejar de ver la poderosa La Rochelle, la adorable Royan (ojo a su catedral, muy distinta a lo que puedes imaginar al oir ese término) o las islas de Ré (Ile de Ré) y Oléron, entre otras. Si podemos añadir Rochefort o Saintes, la visita nos quedará completa.

royan_13345(Royan)

4  BRETAÑA y NORMANDIA

Seguimos remontando la costa Atlántica y nos encontramos con dos destinos que bien podrían ir separados, y son perfectamente visitables de manera diferenciada, pero creo sinceramente que si se dispone del tiempo y voluntad suficientes, deben abordarse conjuntamente.

Al igual que otros destinos,  sobre Bretaña y Normandía hay muchísima información en la red, que no voy a reproducir, pero sí voy a confirmar que, por muy “must” que sea su visita y muy viajeros “alternativos” que queramos ser, HAY QUE visitar Bretaña y Normandia: el Mount Saint Michel (lo has visto mil veces en foto, pero da igual: hay que ir), la costa de Alabastro, Etretat, la magnífica Rennes, Saint Malo, Dinan, Vannes, Quimper, Honfleur, Quiberon…y, cómo no, las playas del Desembarco.

acantilados-de-etretat(Acantilado de Etretat)

Emocionarse al pisar la misma playa en la que murieron miles de soldados por liberar a Francia de la ocupación nazi, visitar los impresionantes cementerios de la II Guerra Mundial, los Memoriales…imprescindible ir también a Caen, ciudad que quedó destruida prácticamente en un 90% y visitar la Abadía que quedó en pie…Normandía y Bretaña son bellas a rabiar, pero también tienen una historia sobrecogedora.

mont_saint_michel_mn_01_1024(Mount Saint Michel)

5 CASTILLOS DEL LOIRA

Otro clásico, y no por ello exento de encanto. La ruta de los Castillos del Loira, es, en realidad, una deliciosa excusa para recorrer los pueblos en los que se ubican y poder ir remontando el río con la misma parsimonia con que lo pudiera hace una de las barcas que se pueden alquilar para hacer tramos siendo nosotros mismos capitanes y tripulación al mismo tiempo, manejando las esclusas y parando en aquellos lugares en los que nos apetezca comprar en el mercado local, visitar un Castillo o uno de los magníficos Jardines del recorrido o, simplemente, tumbarnos a hacer un picnic (palabra francesa “pique-nique”, no lo olvidemos) en una campiña junto al río. La bicileta y, obviamente, el coche o la autocaravana son también perfectas opciones para visitar la región.

De nuevo os dejo la labor investigadora sobre dónde y cómo hay que ir para que disfrutéis preparando el viaje, pero todo lo que leáis y os cuenten sobre la ruta de los Castillos del Loira es rigurosamente cierto y probablemente se quede corto.

El paisaje del Valle del Loira, y sus monumentos culturales, ilustra los ideales del Renacimiento y del Siglo de las Luces sobre la filosofía y la creación en la entonces Europa occidental. La calidad de su patrimonio arquitectónico también es notable, por sus ciudades históricas como Blois, Chinon, Orleáns, Saumur, Nantes o Angers, y por los castillos de Chambord o Chenonceau, el castillo real de Amboise, los jardines del castillo de Villandry, el castillo del Clos Lucé o la abadía real de Fontevraud..

Chenonceau-Foto.-F.Charel_CRTCentreValdeLoire.jpg(Castillo y Jardines de Chenonceau)

Repito: todos ellos imprescindibles. Pero dejadme, como “Nota del Autor”, recomendaros que visitéis la ciudad de Tours, cenéis con horario francés  en el Quartier San Martin y os toméis un café, un crêpe o una Affligem en la Plaza Plumereau, dejando pasar el tiempo por puro placer, viendo y dejándoos ver. Y, sin duda alguna, no dejéis de lado la mítica ciudad de Le Mans. No sólo por el circuito (en el que os dejan dar una vuelta -previo pago- con vuestro propio coche), sino por el propio casco antiguo de la ciudad, con una catedral de Saint Julien que os dejará absolutamente embelesados, tanto en su exterior como, muy especialmente, en su interior, con unas vidrieras de fama mundial y que bien pudiera compararse a las de Reims o Chartres, mucho más famosas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA(Catedral de Le Mans)

6 ALSACIA

Aunque suelen ir indisolublemente unidas Alsacia y Lorena, en la práctica todos hablamos de visitar Alsacia cuando estamos preparando el viaje o, simplemente, la mencionamos cuando hemos vuelto.

Alsacia es pura fantasía, pueblecitos inverosímiles, con nombres de etimología (y orígen) alemán imposibles de pronunciar -bien- y complicados de recordar. De Alsacia te puede enamorar todo: el olor de la impresionante panadería/bollería, las carrteras que transcurren junto al cauce de los ríos y, por supuesto, la perpetua sensación de estar viviendo en un cuento de Hansel y Gretel. Alsacia es, además, cuna de excelentes vinos blancos, siendo el más conocido el Riesling.

De la misma manera que Sarlat es la capital del Perigord, en Alsacia la referencia obligada es Colmar. No es la más bonita, de hecho es muy bonita, pero sí es la más grande, con más ambiente y servicios, hoteles e incluso un camping que recomiendo fervientemente por su ubicación y tranquilidad, como una alternativa al hotel. A Colmar le acompañan lugares como Eguisheim, Riquewihr, Kaysersberg, Ribeauvillé o Turckheim. Evidentemente hay más, pero nuevamente os propongo aquellos “imperdibles”. Y un consejo más, respecto a la fecha del viaje: sin duda son pueblos preciosos en cualquier época del año, y se pueden visitar perfectamente en verano u otoño, pero si os lo podéis permitir por las fechas, os recomiendo la Navidad. Saldrá a la superficie ese niño y esa niña que todos llevamos dentro, por muy escondido que creamos que está.

colmar-mercatino-natale(Colmar)

Bonus Track: Aunque aparentemente olvidada como ciudad Alsaciana por su dimensión europea, ESTRASBURGO merece ser también visitada y paseada tanto como las demás.

2º Bonus Track: Si viajáis desde Gipuzkoa hacia Alsacia podréis ir por diferentes rutas, pero la más lógica (y corta) es la que pasa junto a Dijon. Aunque solo nos pueda sonar de la mostaza, Dijon esconde una ciudad con un precioso casco histórico, bonitos parques y una gran población estudiantil que ha hecho florecer excelentes restaurantes y “garitos” llenos de gente joven y gran ambiente. No os la perdáis.

7 ESTUARIO DE LA GIRONDE

En este recorrido un tanto deslavazado, voy a volver a acercarme a Aquitania (Nueva Aquitania, recordemos) para recomendaros un lugar con unos de los atardeceres más espectaculares que he visto: el Estuario de la Gironde. El lugar en el que desemboca el río Gironde y se encuentra con el Dordoña antes de desembocar ambos en el Atlántico, una suerte de “Delta del Ebro/Deltebre” con una gran riqueza de especies de fauna acuática y de aves, y paisajes en los que perderse durante horas y días, si se disponen de ellos.

En este caso podemos tomar como punto de referencia la ciudad amurallada de Blaye, dentro de cuya basílica en la “Citadelle” (Patrimonio de la Unesco) está enterrado nada más y nada menos que Roldan (el del cantar francés, no el de Paesa) y cuya tumba se puede visitar.

photo_aerien_blaye-g85636.jpg(La Citadelle y el Estuario)

Pero aquí no acaba nuestra visita al Estuario. De Blaye parte un Ferry que nos lleva a la región del Medoc, cuna de viñedos que producen los vinos más famosos -y caros- de la región vinícola del Burdeos, como Latour, Mouton Rothschild y Lafite Rothschild. El Medoc tiene además carreteras que transcurren “entre copas” y majestuosos Chateaux por las que conducir con la ventanilla abierta mientras llega a nosotros el olor del vino, de las uvas y del propio río, que nos acompaña hasta el final.

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8 LA COSTA AZUL

De la Costa Azul podéis encontrar información y guías hasta aburrir, así que, nuevamente, prescindiré de las cuestiones e información más conocida y recurrente para dar un punto de vista más personal y, en consecuencia, subjetivo de aquellas cosas que conozco. La Costa Azul tiene como centro turístico y de referencia la ciudad de Niza. tristemente de actualidad hace escasos meses por el atentado con un camión en el Paseo Marítimo. Niza es una ciudad grande, con una zona antigua en la parte alta de la ciudad, encumbrada por un Castillo y con su parte baja junto al mar en la que podemos pasear frente al icónico hotel Le Negresco

Pero Niza tiene además la “virtud” de su ubicación, entre Cannes y Mónaco, y la posibilidad de hacer los recorridos de las tres “Corniches” (Cornisas) que nos pueden llevar a lugares tan idílicos como Villefranche-sur-Mer, Cap Ferrat, Beaulieu, Èze, Cap d’Ail, La Turbie, Roquebrune Cap Martin o Menton ente otros.

La Costa Azul nos evoca -con razón- el lujo, el glamour, el cine y la “joie de vivre”. Quizá hoy en día no sea para tanto, pero recorrerla hará volar nuestra imaginación hasta aquellos tiempos disolutos, de gafas de montura carey y descapotables tracción trasera recorriendo la otra perla del lugar: Saint Tropez, donde Peppino di Capri lo daba todo con su Twist

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9 PARÍS

Da igual cuándo, da igual cómo, da igual con quién, incluso solo o sola. Nada de lo que pueda decir de Paris va a ser mejor que visitarlo. Si no lo conoces, ya estás tardando en coger el primer TGV o avión que salga, si es posible mañana mismo, mejor que pasado. Y si ya has estado, aunque haya sido hace dos meses, vuelve en cuanto puedas. Y ya.

10 LYON

No. No ha sido una casualidad ni un olvido. No ha sido una “repesca” de última hora ni un apósito de último momento para redondear. Lo he hecho a conciencia, guardando esta recomendación para el final como quién se reserva para un Crepe de Nutella en el postre.

Lyon, amigos y amigas, es una joya escondida. Es una ciudad de la que poco o nada oímos hablar y que, si lo hace, puede ser debido a alguna reminiscencia futbolística con el anexo de “Olympique”. Pero Lyon es mucho más. Lyon lo es todo, diría yo: es cosmopolita pero muy francesa al mismo tiempo. A falta de uno, la bañan dos ríos, el Rona y el Saona. tiene dos colinas que la franquean, conocidas como la Colina “que reza” y la colina “que trabaja”, en atención a sus orígenes obreros y religiosos. De estos últimos, aun nos queda un Sacré Coeur a escala del de Paris, con unas vistas no menos espectaculares.

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Lyon ha sabido reinventarse y llevar con orden y sosiego ser la tercera (ellos dicen segunda) ciudad de Francia. Ha sabido poner en valor y aprovechar sus Quais para hacerlos un lugar de encuentro, ocio y diversión en los cauces de los ríos. Ha sabido reutilizar los locales de la colina que trabaja, donde se ubicaban los antiguos profesionales textiles, orfebres, gráficos, en pequeños talleres de diseño y producción audiovisual. Ha aprovechado -con una enorme inversión, también es cierto- la zona denominada “Confluence“, donde se encuentran ambos ríos y que era el gran almacén del tráfico portuario fluvial de la ciudad, en un espacio de empresas con arquitectura ultramoderna.

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Lyon es la cuna de Paul Bocusse, de la “nouvelle Cuisine”, de los mercados y la gastronomía, de los que nos quedan sus encantadores y emblemáticos “Bouchons Lyonnais“, que podemos encontrar el lo que ellos llaman la “Presqu’ile”, esa “casi isla” que se encuentra entre los dos ríos que cincelan la ciudad.. Lyon tiene una maravillosa “Fête des Lumiers” en Diciembre con espectáculos de luz y sonido que acompañan a la iluminación navideña y artística de la propia ciudad.

Lyon tiene también espacios verdes y de ocio, claro, como cualquier gran ciudad, siendo el Parque de la Tête d’Or su máximo exponente, albergando incluso un ZOO urbano! Pero Lyon también tiene una arquitectura admirable, donde se combina el Patrimonio urbano histórico con el moderno, y conviven en armonía, como en el edificio de la Ópera con la cúpula de Jean Nouvel

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Si vais a Lyon y lleváis vuestro propio vehículo os recomiendo también acercaros a Annecy y de ahí, si os animáis y lleváis ropa de abrigo, id a Chamonix y subir al MontBlanc.

Adoro Lyon, no lo puedo ni quiero ocultar. Si tuviera que dejar mi ciudad e ir a trabajar o vivir a cualquier lugar de Francia y me dejasen elegir, elegiría Lyon. Os lo ruego encarecidamente: no desconfiéis porque no os suena mucho, porque no aparece en muchas guías o no conocéis a mucha gente que os haya hablado de Lyon. Es más, os diría que, si queréis, no hagáis caso de nada más de lo que he escrito en este post. Pero Lyon, ay amigos, ay amigas…Lyon, ONLY Lyon

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EPÍLOGO

La información, comentarios e impresiones que acompañan a este post son absolutamente personales y subjetivas, pero están basados en mi conocimiento directo de los lugares mencionados. Es evidente que Francia tiene otros muchos lugares para visitar tan o más reconocidos que los que yo he recogido aquí. Baste citar ciudades como Marsella o Toulouse y la Provenza, por poner tres ejemplos. Pero no he estado en ellos (todo llegará) y por lo tanto no quería hablar sin conocimiento directo de causa.

P.d.: Pido disculpas por los errores que pueda haber en la ortografía francesa y los nombres propios o toponímicos, especialmente en los acentos.

 

 

 

 

 

 

Políticos Septuagenarios

Hace tiempo que le vengo dando vueltas a una idea que, finalmente, e inspirado por el ablandamiento cerebral propio de estas fechas y el calor de este raro noviembre, he decidido plasmar por escrito, ya veremos si con más o menos fortuna.

Tras las últimas elecciones Municipales y Autonómicas en algunos lugares hemos podido ver cómo han pasado a ocupar puestos de máxima responsabilidad personas que superan los 70 años de edad, es decir: septuagenarios. Los ejemplos más llamativos son, por su repercusión mediática y la importancia del cargo que han ocupado, los de Manuela Carmena como Alcaldesa de Madrid y Revilla como Presidente de Cantabria. Pero hay algunos más, igual que Senadores, Diputados…Parece una “moda”, quizá con cierto regusto de lo que podemos ver en las Presidenciales de USA con Hillary Clinton o John McCain en el pasado.

Vaya por delante que no tengo nada en contra, ab initio de esos nombramientos, apoyados los dos primeros, de hecho, por el Partido al que pertenezco. Pero sí tengo serias dudas, por principios, de que una persona que supera los 70 años ocupe determinados puestos con una determinada responsabilidad. Lucía Querido, una compañera argentina del PSE que fue Juntera y Concejala en Pasaia, muy apreciada por mí, me dijo en cierta ocasión que “para estar en política había que tener muy buena salud”. Ella superaba los 60 años cuando me lo dijo (ya ha fallecido, por desgracia) y yo no llegaba a la treintena y no ocupaba cargo institucional alguno, por lo que no conseguí entender muy bien aquella frase. Con el paso de los años he comprendido perfectamente a qué se refería: agendas infinitas, tensiones, presión en las reuniones, horarios ilimitados, sin fines de semana en muchos casos…

Encuentro muy meritorio, e incluso loable, que una persona que ha tenido una trayectoria vital y profesional muy dilatada, con una jubilación económicamente más que resuelta y que ahora podría dedicarse a pasar plácidamente sus días leyendo y cuidando de sus nietos tome la iniciativa de implicarse socialmente y encabezar una candidatura, estando dispuesta a sacrificar casi todas las horas al día al servicio de sus conciudadanos. Pero me pregunto si no hay un punto de egoísmo en esa decisión. Si el hecho de cumplir una ambición personal no puede ir en perjuicio de ese servicio ciudadano que se presume quiere dedicarse. ¿Hasta qué punto una persona de cierta edad tiene la fuerza, la salud, el impulso de estar diez o doce horas al día durante cuatro años trabajando al máximo nivel?

Y, a todo ello, añadamos la derivada del mensaje que se manda a la sociedad en pleno auge del debate sobre las edades de jubilación, la vida laboral…Mi abuelo era cantero y trabajaba picando piedra en la calle, literalmente. Mi padre era tornero y trabajó pegado al torno hasta los 65 años, para no perder nada de su bien merecida jubilación, de la que ahora disfruta. En ambos casos eran profesiones físicamente muy duras (recuerdo a mi padre trayendo los viernes a casa los buzos del trabajo tiesos, llenos de grasa y sudor para lavarlos en casa el fin de semana, y llevarlos a una lavandería porque estropeaban la lavadora de casa).  Para ellos, pensar en estar currando con 72 años, como en el Caso de Revilla, sería no sólo impensable, sino una auténtica tortura. Al igual que para muchos trabajadores.

Sé que hay muchos ejemplos de políticos/as que han sido President@s, Alcaldes/as, Ministr@s…con una edad considerable. Pero no tanta como ahora creemos: Tierno Galván, apodado “el viejo profesor” fue elegido Alcalde de Madrid con 61 años (¿a que pensabais que tenía muchos más?), es decir, con 10 años menos que su homóloga Carmena. Churchill fue Primer Ministro con 66, o Calvo Sotelo con 55, aunque tenemos una imagen de ambos que seguramente nos evoque una mayor edad. Sí hay algún caso muy extremo, como el de Ronald Reagan, que llegó en su último mandato a los 78 años, o el recurrente caso de Carlos Soria, alpinista de élite a la friolera de 76 años.

Pero son eso: excepciones. Pensad en vuestr@s abuel@s, padres, madres, que superen los 70 años de edad. Y ahora pensad si están físicamente en condiciones de aguantar madrugones,  una agenda diaria de reuniones, vistas a barrios, llamadas, viajes por toda una Comunidad Autónoma si eres President@ autonómic@….y así cada día durante al menos 4 años, sin más interrupción que 15 ó 20 días de vacaciones a duras penas, en las cuales no van a poder desconectar ni un solo día.

No hago con esto un panegírico de la juventud ni del adanismo en política. Ya escribí un post al respecto, y creo que la juventud o la inexperiencia no son un valor en sí mismas, por mucho que ahora parezcan ser la solución al problema de comunicación de algunos partidos, especialmente de los más tradicionales o conocidos. No es esto la versión bloguera de “La fuga de Logan”, válgame el cielo conquistado por asalto.

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Pero tampoco creo que el extremo opuesto sea la panacea ni responda realmente a las exigencias de la sociedad moderna. Porque una cosa es estar muy lúcido de mente (que puedes estarlo hasta los 100 años) o relativamente en forma para cuidar al nieto unas horas al día o unas vacaciones y otra muy distinta poder responder a la exigencia física de determinados puestos de responsabilidad. Y, aunque sé que puede parecer impopular o injusto, creo que en la vida hay edades para todo, y tengo serias dudas de que siendo septuagenario puedas cumplir con eficiencia y como la ciudadanía espera de tí con determinados cargos y determinadas exigencias al máximo nivel.

No sé…quizá he escrito este post carcomido por la envidia de saber que, al menos hasta ahora, los celadores, pasteleros o los peluqueros griegos podían jubilarse a los 50 años. Pero claro, ni calvo ni con dos pelucas.

Toros y Votos

“Yo, que detesto sus ideas, moriría por su derecho a defenderlas en libertad”. Voltaire

 

El pasado jueves 30 de Julio se debatió en el Pleno del Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián una Moción de Irabazi y EH Bildu en la que se solicitaba impedir que se celebrasen corridas de toros en nuestra ciudad. No repetiré los argumentos utilizados en esa Moción, porque son públicamente conocidos (y no diferentes de los utilizados en cualquier otro lugar) y no reproduciré tampoco aquí los argumentos para rebatirla, porque también se pueden adivinar fácilmente, ya que también son los habituales en estos casos.

En una sociedad mediática como la actual, donde se debe intentar resumir todo un pensamiento o teoría política en 140 caracteres o pretenden que consumamos tertulias-basura guionizadas haciéndolas pasar por “debates políticos”, es muy difícil intentar explicar de manera pausada y racional una votación en un pleno o un argumentario político. Pero como el blog es mío y, como diría un buen amigo, para eso lo pago, aprovecharé para transmitir un par de ideas básicas de por qué voté en contra de esa Moción para eliminar la celebración de las corridas de toros en nuestra ciudad, siendo como soy -y quienes me conocen personalmente lo saben- no favorable a las mismas.

Hace algunos años, el Grupo Municipal Socialista de Logroño tuvo a bien invitar a compañer@s de capitales de provincia cercanos a las fiestas de la ciudad. La invitación consistía en acudir a un acto en el Ayuntamiento, una comida en una bodega de vinos (aún creo que me queda en el cuerpo frío insertado del que pasé en aquella cava) y una “sorpresa final”, que no era otra sino ir a una corrida de toros. Aunque por mí mismo nunca hubiese ido, el hecho de la cortesía y que iba acompañado de otra persona con la que tenía que volver a San Sebastián hizo que tras la comida fuese también a la plaza de toros. Plaza que tenía además la peculiaridad de ser “gemela” de la de Donostia. Hecha con los mismos planos, en un lugar similar…era como haber teletransportado Ilumbe a Logroño; fue una sensación muy curiosa.

Yo nunca había visto una corrida de toros en vivo, sólo de pasada en la televisión sin prestar mucha atención, pero lo que ví allí me disuadió de volver a ver nunca más ninguna otra. Sencillamente me resultó desagradable y no pasé del segundo toro. Le dije a mi compañera que le esperaba fuera para volver juntos de nuevo a San Sebastián. Salí discretamente y no volví a ver un toro en una plaza desde entonces hasta el día de hoy, y no tengo intención de volver a verlo nunca.

Con estos antecedentes, alguien podría preguntarse y preguntarme: “¿y por qué votaste en contra de prohibir las corridas de toros?” o : “¿por qué votaste a favor de que haya corridas de toros?” E incluso yendo un poco más allá “¿por qué no te abstuviste?”…y esta es mi respuesta:

Porque yo no voté a favor de que haya corridas de toros en Donostia/San Sebastián, sino a favor de la LIBERTAD para organizarlas y ofrecerlas a quien quiera acudir a ellas sin que cueste un euro, más bien al contrario, sea un ingreso para el erario público. Voté en contra de prohibir una actividad que, a día de hoy, es LEGAL en nuestra Comunidad Autónoma y que si se quiere prohibir deben cambiarse las normas de Juegos y Espectáculos con una mayoría parlamentaria que legítimamente lo consiga en una votación. Y porque, aunque jamás iré a los toros, no soy anti-taurino, de la misma manera que no voy al fútbol (a Anoeta sólo he ido a ver Rugby) pero no soy anti-fútbol.

Y voté en contra de esa Moción porque, aunque sea poco popular decirlo, yo sí creo en la mal llamada por algunos “disciplina de voto”. Creo que en un grupo debe haber debate y contraste de ideas, pero una vez adoptada la decisión por mayoría del mismo, el resto debe aceptarlo y votar conjuntamente, porque eso es lo que quienes nos votan esperan, y porque lo contrario será un descontrol cuyos límites son difíciles de determinar.

Creo que es muy probable que algún día la llamada “fiesta de los toros” acabe desapareciendo. Seguramente lo haga porque no es rentable, porque no queda ya público a quien le pueda interesar o, en todo caso, porque si se prohibe su celebración, se haga porque una mayoría de un parlamento elegido democráticamente así lo ha establecido, igual que se prohibió fumar en espacios de uso público, en una de las mejores decisiones y propuestas de toda la época de gobierno de Zapatero, por cierto.

No diré aquello tan facil y cómodo de que estoy en contra de cualquier prohibición, siguiendo el argumentario liberal EsperanzaAguirresco, porque sí estoy a favor de determinadas prohibiciones. Estoy a favor de prohibir las actitudes y actos racistas, xenófobos, homófobos, de intolerancia…estoy a favor de prohibir la discriminación por razón de género o credo. Estoy a favor de prohibir el maltrato a la infancia y, por supuesto de la violencia machista. Estoy en contra de muchas cosas, de todas aquellas que impidan el ejercicio de las libertades individuales y colectivas que, a su vez, respeten también la libertad ajena y la convivencia pacífica y respetuosa.

Por último, hay quienes nos reprochan que mi partido haya rechazado el mismo día las corridas de toros en otros lugares, como Palma de Mallorca. Esas cosas pasan cuando militas en un partido grande y con muchos matices. Lo que para alguien puede ser una debilidad a mí me parece una riqueza y una diversidad. Pero, por favor, si recurrimos a las incoherencias, la imágen del Alcalde de Iruña/Pamplona de Bildu presidiendo una corrida de toros en la Plaza en los últimos San Fermines con chistera y todo, y sin ninguna pinta de estar sufriendo lo más mínimo creo que tampoco permite a otros dar demasiadas lecciones de coherencia.

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Por cierto: espero seguir subiendo a Ilumbe cada 15 días éste año, como llevo haciendo los últimos 5 años. A ver baloncesto, claro.

El laberinto de la mente

Durante muchos años, décadas de hecho, en nuestra sociedad han existido una serie de tabúes que, a fuerza de serlo, llegaron incluso a estar socialmente aceptados. Es decir, era políticamente correcto mantenerlos vigentes y de mal gusto hablar de ellos en público, en la prensa, entre amigos, familia…No hace falta hacer un gran ejercicio de memoria para recordar de qué estamos hablando: la religión, el sexo, escatológicos…en Euskadi tuvimos el bonus track de no poder ser conveniente hablar de política más que en grupos reducidísimos y, a poder ser de mucha confianza. Hay, obviamente, otros muchos, pero estos son algunos de los más reconocibles y que encabezarían el ránking de cualquier encuesta muy poco elaborada que pudiera hacerse al respecto.

Pero esas, como digo, son materias cuya reserva es más virtual que real. Son temas aparentemente tabúes, pero de los que se acaba hablando con relativa normalidad e incluso, dependiendo del contexto (amigos, familia…) con cierta hilaridad. Sin embargo hay tabúes verdaderos, de los que ocultamos en el fondo de nuestra conciencia con un bloque de cemento encadenado a sus pies. Cosas que si acontecen en nuestra familia, en nuestro entorno, hacemos lo posible por esconder, por evitar, por relativizar o sencillamente por obviar. Y, en mi opinión, el problema de las enfermedades mentales ocupa sin ninguna duda el primer puesto de nuestro miedo a la revelación o al escrutinio público.

Y llama mucho la atención que sea socialmente y, sobre todo, informativamente “transparente” una cuestión que es, por ejemplo, la primera causa externa de los fallecimientos  en España, desde hace muchos años. Es decir, más que los accidentes de tráfico. Sólo en 2012 ya subió un 11% respecto el año anterior, DUPLICANDO ese año a los fallecidos en accidentes de tráfico (3.500 suicidios frente a 1.309 por tráfico). Hay campañas, anuncios, presupuestos cada vez mayores para combatir esa “lacra” que son los accidentes de tráfico y que nos espantan cada vez que nos toca cerca o vemos imágenes de amasijos de hierro en una carretera provenientes de un accidente en el que se han visto implicadas varias personas, especialmente si son jóvenes, hay niños…pero nada sabemos de los fallecimientos por suicidio. No hay noticias, comentarios, ni siquiera un breve en un periódico. La propia familia, si puede, oculta cuál ha sido la causa de la muerte: un “accidente doméstico”, una caída “limpiando las ventanas”, un “lo encontraron tumbado en la cama y no se sabe qué ha sido”…hay muchísimos ejemplos que todos podemos recordar.

Laberinto - copia

El reciente caso del piloto del avión de Germanwings, o el niño de la ballesta hoy mismo en el Instituto Joan Fuster, son casos que súbitamente nos despiertan de ese letargo, de esa ocultación vergonzante para convertir a su causante o protagonista en un ser extraño, despreciable incluso, en lugar de lo que verdaderamente es: una persona enferma, con una patología que tiene sus causas y que, como cualquier otra enfermedad puede tener un diagnóstico y el correspondiente tratamiento. No suele ser fácil, y requiere de mucho apoyo y determinación, especialmente del círculo más cercano a la persona afectada. Pero no es en absoluto incurable. Pretender apartar de su trabajo, de su vida habitual a personas que, por ejemplo, sufran una depresión durante un tiempo, como se propuso en el caso del piloto alemán es una barbaridad y un despropósito sólo al alcance del país que ha inventado el cuñadismo, como es España.

Recuerdo que, durante muchos años, las personas con cáncer que estaban en tratamiento de radioterapia o quimioterapia, con la afección física que eso suponía, se escondían, pasaban semanas sin salir a la calle o lo hacían solo para lo imprescindible. Ellos y sus familias lo ocultaban o simplemente intentaban evitarlo, exactamente como ahora las enfermedades mentales. Hay mucho que hacer respecto a este tema, pero su visualización social, su normalización, su “despenalización social” debe ser un paso fundamental para poder abordarlas con mayor eficacia y conseguir un mejor apoyo de todo el entorno. No es cierto que hablar de suicidios tenga un efecto llamada, no está demostrado. No es cierto que una persona que ha sufrido un episodio de depresión, de ansiedad, o incluso que sea bipolar, esquizofrénica…quede inhabilitada para tener una vida normal si se ha diagnosticado y tratado correctamente.

Debemos ser conscientes de que todos podemos pasar por un episodio de este tipo, nadie está exento ni protegido, como no somos inmunes a un cáncer, a un alzheimer, a una gripe o una esclerosis. Razones genéticas, problemas familiares, laborales, económicos o de cualquier otro tipo pueden causarnos o producirnos una tipología diferente de enfermedad o trastorno mental. a cualquiera y en cualquier momento. Tratarla con normalidad, no esconderla, abordarla con decisión y con el apoyo de quienes nos rodean puede suponer la diferencia de un largo periodo de oscuridad e incluso algo más grave o, por el contrario, poder superarlo en un plazo razonable de tiempo, e incluso convivir con normalidad si la enfermedad persiste. Y, desde luego, lo último siempre debe ser criminalizar o despreciar a quién la sufre, porque es un castigo añadido e inmerecido que nunca va a conseguir mejorar ningún resultado.

El Adanismo salvador.

Hace unos días me sorprendió que una persona que lleva algunos trienios en política y licenciada en Sociología desconociera el significado del término “adanismo” referido, precisamente a la política. De un modo resumido y sencillo, el “adanismo”, en general, parte de la idea de que Adán fue el primer ser humano sobre la tierra, y por lo tanto el orígen de nuestra especie. Después vino Eva, que salio de su costilla, etc, etc…

Haciendo una inmediata traslación a la política podríamos definir el adanismo político como la idea (o la tentación) de construir una teoría política y un discurso partiendo del desguace de todo lo existente hasta ese momento. Nada de lo hecho y construido nos sirve, así que debemos derribarlo y comenzar algo nuevo sobre los escombros de lo viejo. La historia, la memoria, los logros obtenidos con esfuerzo han sido estériles o, lo que es peor, perniciosos, y nos han traído a una situación inadmisible que debemos cambiar desde su raíz. Hacia dónde y cómo debe ser ese cambio quizá sea lo de menos, el caso es hacerlo. Y deben hacerlo aquellos que nunca hayan participado en el sistema actual.

Siempre he huido de los símiles deportivos, que creo facilones y poco imaginativos, pero discúlpenme mis amables lectores y lectoras (si los hubiera) si les pongo una imágen que les resultará conocida para explicar mi teoría:

 

Simeone

 

Supongo que le habréis reconocido: es Diego Pablo Simeone, más conocido ahora por el “Cholo Simeone”, el nuevo profeta del fútbol español que pregona su doctrina, el “cholismo”, consistente en una idea muy simple: el “partido a partido”. Sobre él y su forma de actuar, de entrenar, incluso su estética se han llenado horas de radio, páginas de periódico, miles de comentarios en internet. Pero,¿habéis visto qué pinta tiene en esa foto?…¿de verdad, viendo esa foto, alguien podría pensar que unos años más tarde uno de los jugadores más broncos, macarras y, a tenor de la imágen, con peor gusto vistiendo del panorama futbolístico de los años ’90, podría volver reencarnado en un hombre de principios, elegante (para según quién), filósofo y triunfador?

Si se le hubiese aplicado la teoría del adanismo, el cholo debería estar en su casa, viendo los partidos de liga con una batamanta y acariciando a su perro mientras toma una Quilmes. Lo que hizo, el bagaje que obtuvo como jugador, su experiencia, incluso esa horrible camisa hawaiana le inhabilita para poder hacer nada más en la vida. Bueno, nada más relacionado con el fútbol y la moda, vaya.

Cuando algunos pretenden que olvidemos todo lo logrado hasta ahora, haber conseguido la Sanidad y la Educación Universal; la modernización del país; formar parte de la Unión Europea y ser un país “homologado” (con sus imperfecciones) al resto de la misma sin tener que pasar vergüenza cada vez que salías fuera; haber sido incluso pionero en materia de igualdad de género, derechos civiles, y hasta en energía renovable; o haber superado la lacra de una banda terrorista que se empeñaba en ser el último vestigio de la intolerancia en Europa; todo ello ahora nos dicen que debemos olvidarlo, tirarlo por la borda y hasta repudiarlo. Algo así como si, al divorciarte, renegases de tus hijos, renunciases a la parte de la vivienda que te corresponde y a cualquier amigo o persona que conociste como consecuencia de una relación anterior. ¿Parece una locura, verdad?…pues en eso estamos, y a mucha gente le parece fenomenal.

Gente sencilla

Una de las mejores cosas (y no fueron pocas) de dejar atrás diez años de ir escoltado fue volver a utilizar el transporte público con cierta regularidad. Sé que habrá quien piense que eso de que te lleven en coche de un lado a otro mola mucho, es cómodo, te da un cierto “status”…en mi opinión nada más lejos de la realidad, y siempre me resultó incómodo, por muchas razones que ahora no voy a desarrollar por no ser el objeto del post.

A lo que iba: aunque haya quien tenga el uso del transporte público (Metro, tren, bus…) como castigo, a mí siempre me ha gustado utilizarlo. Incluso cuando salía de casa a las 7:30 para coger en la mítica parada de “Yoplait”* en Herrera el transcantábrico Altza-Antiguo, cuyo recorrido duraba 45 minutos e iba tan lleno que desafiaba las leyes de la física, me gustaba ver a la gente, hablar, observar los comportamientos humanos. No hay que olvidar que hablamos de los años ’90, cuando no existían prácticamente los móviles (incipiente “Moviline“) y las redes sociales eran auténtica Sci-Fi ni siquiera imaginada por Asimov, por lo que no nos quedaba más remedio que mirarnos a la cara y hablar entre nosotros, algo que quizá hoy espantaría a muchos jóvenes (y no tan jóvenes).

logo_yoplait                                                   (*Aquí el logo de Yoplait, que, para la audiencia más jóven conviene tal vez aclarar que se trataba de una marca de yogures)

 

Muchos años después he recuperado esa costumbre de usar el transporte público, especialmente el Metro. Ahora es infinitamente más cómodo, más desahogado, el recorrido es mucho más corto y tenemos los móviles que, paradójicamente, nos convierten en seres asociales. Pero me sigue gustando observar a la gente, entablar cortas conversaciones, intrascendentes, relajadas, amables. Y he vuelto a ver, porque lo uso muchos domingos, a personas de cierta edad (llamémosle “mayores”) que montan en el Metro (o Topo, como quieran) vestida de eso exactamente: “de domingo”. Es gente sencilla, personas que trabajaron toda su vida bajo la premisa de que el trabajo dignifica, de que el que paga descansa y valorando y saboreando el verdadero valor de un día festivo. Gente que quizá durante la semana estaba llena de grasa del taller, de harina del horno, o simplemente con ropa de casa para trabajar en ella. Pero que el domingo vestía sus mejores galas, sacaba del cajón su reloj de oro para dar un paseo, para ver y dejarse ver, para que en su barrio supieran que también podían ir guapos y no eran menos que nadie.

La gente sencilla es la inmensa mayoría. Gente que aspira a una vida tranquila, a que sus hijos e hijas puedan tener un futuro, como mínimo menos malo y a poder ser mejor que el pasado que ellos tuvieron. Que esperan tener una jubilación sin sobresaltos y que la salud les respete. Gente que no hizo otra cosa que trabajar y ahorrar lo que podían, disfrutando seguramente menos de lo que hubiesen deseado y, sin duda, merecían.

Sólo aspiro a poder ser como ellos. A representar y defender sus necesidades, sus preocupaciones y sus alegrías, aunque sean menos quizá que antes. Sólo aspiro a poder ir en el Metro dentro de 30 años vestido de domingo, con mi dignidad íntegra, camino a casa de mi hija, a ver quizá a mi nieto o nieta, con la conciencia tranquila pensando que hice lo mejor que pude y supe para darles una educación, unos valores y un cariño del que siempre se puedan sentir orgullosos, sabiendo que son y deberán ser siempre gente sencilla.