¿Quién dijo “miedo”?

En los últimos meses se está haciendo muy popular la frase “el miedo ha cambiado de bando”, refiriéndose, supuestamente, al final de un ciclo político y el inicio de uno nuevo, al derrumbe del sistema actual, del “establishment” reinante, etc, pero sobre todo, debido a la irrupción de “Podemos” en el panorama electoral tras las elecciones europeas.

Asistimos, junto con la eclosión de las redes sociales, a una banalización del lenguaje, de los términos que antes significaban algo. Cuando tienes que resumir todo tu pensamiento en 140 caracteres o en una frase brillante de Facebook, todas nuestras palabras pierden su profundidad, el sentido de un contexto más amplio en el que poder emplearlas.

Por eso yo me pregunto al oir que “el miedo ha cambiado de bando”: ¿”miedo” a qué exactamente?…¿a la democracia?, ¿a respetar lo que la ciudadanía, es decir, mis vecinos y vecinas, mi familia, mis amigos quieran votar libremente? ¿a que la gente elija lo que considere más oportuno? Sí, ya sé lo que mis amables lectoras y lectores me pueden responder: “Hombre, Enrique, miedo a perder el poder, a perder las poltronas, a veros sustituidos por otros protagonistas…”

Y ahora respondo: ¿alguien cree que un/a concejal/a de un pequeño pueblito del interior de Gipuzkoa, que ha estado diez años con escolta, al que quizá le han quemado el coche, le han amenazado, han acosado y aun así ha dado la cara para que sus vecinos y vecinas tuvieran el derecho a votar una opción política determinada va a tener ahora miedo a la democracia?, ¿alguien cree que después de 40 años de falta de libertad y terrorismo ahora nos va a dar miedo que la gente elija libremente quien quiere que le gobierne?, ¿alguien cree que esos cientos de concejales/as, o militantes de base que están en ese pequeño pueblo o ciudad mediana, da igual,  sin cobrar nada, gastando en todo caso de su propio dinero, ayudando a diario a sus vecinos y vecinas a tener una vida un poco mejor (o menos mala) van a tener “miedo” de que cambie el Director del FMI, el Presidente del BBVA, o el de cualquier Consejo de Administración? ¿Y qué les importa a ellos?

A mediados de los años ’90 fui por primera vez en la lista del PSE al ayuntamiento de San Sebastián, con Odón Elorza de Alcalde. No salí elegido, pero los amables chicos reivindicativos del barrio ya me “ficharon”, así que, una tarde, lanzaron desde sus coches (con la impunidad habitual de aquella época) pasquines como este, que guardé como “souvenir” de un tiempo ya felizmente superado

 

amenazas

 

¿Alguien imagina el efecto que causaba en la Euskadi de  1.995 que llenaran el barrio en el que vives con estos folletos y lo que eso suponía desde el punto de vista del señalamiento y tu marcaje como alguien susceptible de ser “agraciado” en el bombo de las amenazas o cualquier otra cosa más grave? ¿ lo que pensaron mis padres, con los que entonces vivía o mi familia y amigos? Y así cientos de cargos públicos o, simplemente simpatizantes de una opción política, como era mi caso en aquel momento.

Y ahora, en 2014, viene alguien a decirme que “el miedo ha cambiado de bando”…pero, ¿de qué miedo y qué bando me estáis hablando? Pues yo le digo que no. Que, como dijo Julián Muñoz en aquella ya mítica frase: “no tengo miedo ninguno” a la democracia, a que cada cual vote lo que quiera y a quien quiera en libertad, porque demasiados años estuvimos impedidos para hacerlo, primero por una dictadura que lo prohibía y después por quienes querían coartar la representación política plural.

Claro que hay “miedo” y mucha gente lo sufre: el miedo a la pobreza; a perder el trabajo; a no tenerlo pasada una determinada edad; al machismo; el miedo de una mujer a que su pareja le pueda agredir o le pueda violar un desconocido en un portal; a quedarse sin sanidad pública; a ser desahuciado; el miedo de los niños y niñas de Gaza o de Siria a los bombardeos…ese es un miedo real, no el miedo a subir o bajar un concejal o una parlamentaria en unas elecciones.

La política, como el deporte, el amor, la salud, la fortuna, la economía…tienen momentos buenos y malos, rachas, éxitos y fracasos, estabilidad e inestabilidad. Y hay que saber gestionarlos en cada momento y adaptarse a ellos, disfrutándolos cuando nos resultan propicios o asumiéndolos con calma y sensatez si nos son adversos. Si reconocemos los errores, los enmendamos, y somos humildes, sinceros y creíbles con propuestas interesantes, recuperaremos la confianza de muchas personas. Y si no fuese así, pues habrá que asumir las consecuencias. Ya nos ha pasado, de hecho, y creo haber aprendido mucho. Pero, por favor…dejemos de jugar con el miedo, que bastante ha habido y sigue habiendo en todo el mundo como para que utilicemos su nombre en vano.