Nosotras (no) decidimos

A lo largo de la historia, los avances científicos han generado debates para los que la sociedad, en muchos casos, no estaba preparada. En ocasiones ni siquiera se llegaron a producir, porque alguna institución o gobierno los prohibió, persiguiéndoles y llegando incluso a acabar con la vida de quienes los promovían (Galileo, Servet, Bruno, Kepler…) En otros casos se generaba el debate y el avance científico se cortaba de raíz, porque se consideraba directamente una herejía o contrario a la ética o la moral imperantes en cada época. Y, por fin, en otras ocasiones, salían adelante a pesar de la reticencia o directamente oposición de algunos sectores de la sociedad, normalmente los más reaccionarios, aunque no siempre.

En la medida en la que los descubrimientos se producen con una frecuencia cada vez menor en el tiempo, también los debates sociales sobre ellos lo son con menor cadencia. No queda muy lejana en el recuerdo aquella polémica con los primeros “niños probeta” (la primera fue niña, de hecho), donde muchos veían una aberración la manipulación de algo tan normalizado hoy como el esperma y un óvulo. También el aborto, la interrupción voluntaria del embarazo, ha sido objeto de múltiples debates e incluso enfrentamientos sociales que aun siguen latentes. Otros, como las células-madre o la eutanasia asistida, han iniciado un camino incierto que, dependiendo de cada país, puede acabar de una u otra manera.

Y en estas estábamos cuando nos ha llegado, en poco tiempo, casi de manera repentina, el debate sobre la llamada Gestación Subrogada, también conocida de manera peyorativa como “vientres de alquiler”. Y digo de manera peyorativa, porque se emplea igual que algunos sectores llaman “asesinato”o quitar una vida” a una interrupción voluntaria del embarazo, con una voluntad manifiesta de dotarlo de unas connotaciones que, efectivamente, puede tener, pero no tiene por qué. O no al menos en el modelo que algunos panteamos.

En el 39 Congreso del PSOE que está teniendo lugar en Madrid este fin de semana se ha debatido de manera intensa y apasionada esta cuestión. Y con gran pesar, debo decir que se ha impuesto la visión no ya más restrictiva, sino directamente prohibicionista, que respeto y acato, pero no comparto en absoluto.

El avance de la ciencia ha permitido que técnicas como las FIV, donaciones de óvulos o esperma, los ICSI o DGP hayan permitido a muchas mujeres y sus parejas (o sin ellas, si no la tienen) ser madres y padres, algo que sencillamente 10 ó 15 años antes no hubieran podido conseguir, de la misma manera que se podía morir por un sarampión o el tétanos hace 100 años, y que las vacunas consiguieron anular. La gestación subrogada permite que una mujer pueda concebir el hijo o hija de otras personas que aportan el material genético.

Se identifica, por parte de sus detractoras , con una contraprestación económica, una “cosificación” del cuerpo de la mujer e incluso de un ataque a su libertad, por considerar que no se hace de manera voluntaria, sino por una necesidad económica. Es ciertamente curioso que sean, habitualmente, las más acérrimas defensoras del aborto, quienes más férreamente combaten la gestación subrogada, en contra de que aquellas mujeres que quieran hacerlo voluntariamente no lo puedan hacer. “Nosotras decidimos”, pero si otra mujer quiere decidir sobre su cuerpo y ofrecer su capacidad de gestación altruistamente y de manera libre a un familiar, amigo o a quien desee, entonces no, entonces no pueden decidir libremente porque alguien ya ha decidido por ellas. A lo que hay que añadir que los niños que nazcan en el extranjero por Gestación subrogada no pueden ser inscritos en nuestro país.

Algunas personas proponíamos que  se REGULASE la Gestación Subrogada, porque es una realidad social que existe y a la que no se puede dar la espalda, con una serie de condiciones elementales y básicas:

  • Que no existiese contraprestación económica, para evitar que se generase un “negocio” al que acudiesen las mujeres en situaciones económicas de debilidad, lo que condicionase su libre decisión, permitiendo además que fuese un acceso a la gestación de quienes pudieran permitírselo, dejando fuera a las personas con menos recursos.
  • Que se priorizase, en todo caso, la salud física y mental de la madre gestante en primer lugar, y se actuase en interés del niño o niña que iba a nacer fruto de la gestación.
  • Que todo el proceso estuviese tutelado por la Administración Pública, tanto desde el punto de vista de la Sanidad como de los derechos y obligaciones de la Gestante y los padres biológicos. Algo así como el sistema de transplantes que existe en España, y que es modélico en el mundo, hasta hacernos líderes absolutos. En teoría, podría haber también un “mercado negro” de transplantes (lo hay en otros países) o que quienes más recursos económicos tuvieran pudieran tener preferencia. Sin embargo, en el caso de los transplantes no es así en absoluto. Se ha conseguido una base de datos única, gestionada desde lo público y que se cumple rigurosamente por la lista y la compatibilidad. Obviamente no se gestionaría igual, pero es evidente que se podrían estabecer garantías públicas que lo hiciesen tan transparente como aquel.

Hay quien, en una simplificación tan de moda en nuestra melíflua sociedad actual, ha identificado la Gestación Subrogada con un “capricho” o una “compra de niños” por parte de personas ricas y famosas, algo absurdo y falso, ya que hay muchísima más gente anónima que recurre a esta opción sin que nadie se entere. Y reproducen, por cierto, muchos argumentos que en su momento se emplearon para ir contra la adopción, la cual, sin embargo, paradójicamente defienden quienes denostan la gestación subrogada como alternativa a esta.

Decidir o no ser madre gestante debería estar en la esfera individual y en la capacidad de libertad de la mujer, siempre, por supuesto, que dicha decisión no estuviese condicionada por ningún factor externo, especialmente el económico. Defender el “nosotras decidimos”, para el aborto es algo que, desde una visión progresista, me parece irrenunciable y básico. Negarlo para la gestación subrogada, diciéndole a una mujer lo que puede o no hacer con su cuerpo, me parece una tutela difícil de explicar.

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¿Quién dijo “miedo”?

En los últimos meses se está haciendo muy popular la frase “el miedo ha cambiado de bando”, refiriéndose, supuestamente, al final de un ciclo político y el inicio de uno nuevo, al derrumbe del sistema actual, del “establishment” reinante, etc, pero sobre todo, debido a la irrupción de “Podemos” en el panorama electoral tras las elecciones europeas.

Asistimos, junto con la eclosión de las redes sociales, a una banalización del lenguaje, de los términos que antes significaban algo. Cuando tienes que resumir todo tu pensamiento en 140 caracteres o en una frase brillante de Facebook, todas nuestras palabras pierden su profundidad, el sentido de un contexto más amplio en el que poder emplearlas.

Por eso yo me pregunto al oir que “el miedo ha cambiado de bando”: ¿”miedo” a qué exactamente?…¿a la democracia?, ¿a respetar lo que la ciudadanía, es decir, mis vecinos y vecinas, mi familia, mis amigos quieran votar libremente? ¿a que la gente elija lo que considere más oportuno? Sí, ya sé lo que mis amables lectoras y lectores me pueden responder: “Hombre, Enrique, miedo a perder el poder, a perder las poltronas, a veros sustituidos por otros protagonistas…”

Y ahora respondo: ¿alguien cree que un/a concejal/a de un pequeño pueblito del interior de Gipuzkoa, que ha estado diez años con escolta, al que quizá le han quemado el coche, le han amenazado, han acosado y aun así ha dado la cara para que sus vecinos y vecinas tuvieran el derecho a votar una opción política determinada va a tener ahora miedo a la democracia?, ¿alguien cree que después de 40 años de falta de libertad y terrorismo ahora nos va a dar miedo que la gente elija libremente quien quiere que le gobierne?, ¿alguien cree que esos cientos de concejales/as, o militantes de base que están en ese pequeño pueblo o ciudad mediana, da igual,  sin cobrar nada, gastando en todo caso de su propio dinero, ayudando a diario a sus vecinos y vecinas a tener una vida un poco mejor (o menos mala) van a tener “miedo” de que cambie el Director del FMI, el Presidente del BBVA, o el de cualquier Consejo de Administración? ¿Y qué les importa a ellos?

A mediados de los años ’90 fui por primera vez en la lista del PSE al ayuntamiento de San Sebastián, con Odón Elorza de Alcalde. No salí elegido, pero los amables chicos reivindicativos del barrio ya me “ficharon”, así que, una tarde, lanzaron desde sus coches (con la impunidad habitual de aquella época) pasquines como este, que guardé como “souvenir” de un tiempo ya felizmente superado

 

amenazas

 

¿Alguien imagina el efecto que causaba en la Euskadi de  1.995 que llenaran el barrio en el que vives con estos folletos y lo que eso suponía desde el punto de vista del señalamiento y tu marcaje como alguien susceptible de ser “agraciado” en el bombo de las amenazas o cualquier otra cosa más grave? ¿ lo que pensaron mis padres, con los que entonces vivía o mi familia y amigos? Y así cientos de cargos públicos o, simplemente simpatizantes de una opción política, como era mi caso en aquel momento.

Y ahora, en 2014, viene alguien a decirme que “el miedo ha cambiado de bando”…pero, ¿de qué miedo y qué bando me estáis hablando? Pues yo le digo que no. Que, como dijo Julián Muñoz en aquella ya mítica frase: “no tengo miedo ninguno” a la democracia, a que cada cual vote lo que quiera y a quien quiera en libertad, porque demasiados años estuvimos impedidos para hacerlo, primero por una dictadura que lo prohibía y después por quienes querían coartar la representación política plural.

Claro que hay “miedo” y mucha gente lo sufre: el miedo a la pobreza; a perder el trabajo; a no tenerlo pasada una determinada edad; al machismo; el miedo de una mujer a que su pareja le pueda agredir o le pueda violar un desconocido en un portal; a quedarse sin sanidad pública; a ser desahuciado; el miedo de los niños y niñas de Gaza o de Siria a los bombardeos…ese es un miedo real, no el miedo a subir o bajar un concejal o una parlamentaria en unas elecciones.

La política, como el deporte, el amor, la salud, la fortuna, la economía…tienen momentos buenos y malos, rachas, éxitos y fracasos, estabilidad e inestabilidad. Y hay que saber gestionarlos en cada momento y adaptarse a ellos, disfrutándolos cuando nos resultan propicios o asumiéndolos con calma y sensatez si nos son adversos. Si reconocemos los errores, los enmendamos, y somos humildes, sinceros y creíbles con propuestas interesantes, recuperaremos la confianza de muchas personas. Y si no fuese así, pues habrá que asumir las consecuencias. Ya nos ha pasado, de hecho, y creo haber aprendido mucho. Pero, por favor…dejemos de jugar con el miedo, que bastante ha habido y sigue habiendo en todo el mundo como para que utilicemos su nombre en vano.

10 razones por las que apoyo a Pedro Sánchez

     El proceso de elección a la Secretaría General del PSOE se va a producir en un momento muy complicado para el partido, con los peores resultados electorales de su historia aun recientes y con un sistema de elección novedoso y sumamente democrático, el conocido como “1 militante, 1 voto”, que va a suponer sin duda un verdadero hito participativo que va a marcar el camino que deberán seguir, en mi opinión, el resto de formaciones políticas antes o después.

     Me sumo a quienes piensan que es el momento de asumir riesgos, de ser claros, de dejar el tactismo a un lado y dar pasos adelante. El tactismo, junto a la responsabilidad mal entendidos son algunas de las múltiples causas que nos han traído a la situación que vivimos. Por eso yo quiero hacer mi aportación al debate y no ocultar mi preferencia por uno de los candidatos que concurren a ese proceso de elección del próximo Secretario General. Esa preferencia es, desde hace tiempo, la de Pedro Sánchez, y estas son -entre otras- mis razones:

    1.- Porque fue el primero en querer presentarse: De manera reiterada mostró su interés e insistió en que iba a presentarse. Lo llevaba tiempo preparando y tenía clara su intención. Determinación: algo muy necesario en los tiempos que corren.

    2.- Porque dijo que se presentaría independientemente del sistema de elección: No puso condiciones ni esperó a ver si le venía mejor o peor un sistema u otro de elección. Declaró en diferentes ocasiones que él tenía tomada la decisión, fuese cual fuese el sistema de elección (Delgados/as o Militantes directamente). Compromiso.

    3.- Porque ha sido paciente y discreto, esperando su oportunidad sin estridencias. Reconozco que esta es una cualidad que yo valoro especialmente, pero que puede no ser igualmente alabada por todos, incluso quienes le apoyen. Sin embargo yo me identifico con esa manera de ser y hacer: Trabajar en un grupo para el bien común con discreción y lealtad y dar el paso en el momento en que se vea con la capacidad y las condiciones para llevar adelante el proyecto, independientemente del resultado final que, obviamente, puede salir bien o mal.

    4.- Porque es economista: más concretamente, Doctor en Economía. Si todos estamos de acuerdo en que una inmensa parte de la responsabilidad de cómo y porqué hemos llegado hasta aquí la tiene la economía y su forma de aplicarla (no existe la economía “neutra”), creo que es mucho mejor alguien con criterios y conocimientos propios en la materia que pueda hacer planteamientos diferentes y propuestas alternativas al liberalismo “neocon” que arrasa Europa.

    5.- Porque supone un cambio generacional. Sé que no es el único candidato que lo supone, pero es evidente que Pedro Sánchez, con 42 años, también. Y es algo absolutamente necesario

    6.- Porque presentó su candidatura en una agrupación local, rodeado de la gente, de la militancia. Y de manera reiterada ha dicho que va a contar con las personas, con los equipos, que van a ser el centro de su acción política. Tras años de un cierto “divorcio” entre los afiliados (y votantes, a tenor de lo visto) y su dirección, es el momento de restañar heridas y volver a trabajar juntos, sin darnos la espalda.

    7.- Porque le gusta el baloncesto. Sí, ya sé que no es un criterio objetivo…¿y qué?…¿acaso la gente vota sólo por criterios objetivos?…a mí me gusta el baloncesto, y Pedro Sánchez ha jugado en un Club mítico como el Estudiantes, de cuya Fundación sigue formando parte. Y eso hace que me guste y me identifique con él.

    8.- Porque sus propuestas me parecen creíbles y realizables. En un momento en el que todos esperan y desean propuestas utópicas, e incluso de dudosa realización, especialmente desde determinadas fuerzas de izquierda, nada me parece más “revolucionario” que hacer propuestas concretas, realizables y determinadas. La utopía es necesaria, pero nada puede generar más frustración que los deseos no materializados. Entre otras cosas, por eso hemos llegado hasta aquí.

    9.- Por su formación y trayectoria. Algo nada desdeñable hoy en día: Es Doctor en Economía, dos Masters, Profesor Universitario, ha trabajado en la ONU, ha sido autónomo, ha estado en paro, ha trabajado por cuenta ajena…y algo que me gusta más aún: ha sido concejal. Los concejales son (somos) la primera línea de la política. Un/a concejal/a mira de frente a las personas, las escucha, las atiende, está en la calle. Da igual que sea gobierno u oposición. Una experiencia muy recomendable para todos, y más para un futuro Secretario General.

    10.- Porque tiene buena imagen.  Lo he dejado para el final para que no parezca que frivolizo, pero en absoluto me parece un asunto baladí, y más en la actual sociedad audiovisual en la que vivimos. Parece haber un consenso general en su atractivo físico y en que tiene “buena pinta” , suponiendo una imagen diferente a la de sus predecesores, y a la generación a la que debe dar el relevo. Que no es poco.

Estas son mis razones. No van contra nadie, sino en favor de alguien.

 

El negro hilo (a propósito de Asunta)

Las personas siempre necesitamos creer en algo que vaya más allá de nuestra realidad cotidiana. No estoy hablando de la religión, la videncia o las encuestas que dan la victoria al PSOE; me refiero a las leyendas, los cuentos, la fantasía…

En nuestra infancia nos acostumbramos a creer en el Ratoncito Pérez, Olentzero, los Reyes Magos, e incluso el Coco. Y esa candidez la mantenemos, más o menos maltrecha, hasta muy avanzada nuestra edad. Nos gusta pensar que nos tocará la Lotería, que nos levantaremos un día hablando inglés, o que ese vecino que nos atrona con la música a las 2 de la mañana se mudará y en su lugar vendrá una adorable señora mayor que, no solo no hará ruido, sino que nos traerá cada semana un pudding de manzana para agradecernos aquel detalle que tuvimos (una vez) de subirle la compra a casa cuando se averió el ascensor.

Una de las historias más bonitas que he podido conocer, gracias al proceso de adopción de nuestra hija, fue la del Hilo Rojo. Aunque hay quienes la atribuyen a los japoneses y otros a los chinos, el resumen viene a ser que cuando un niño o niña nace en Oriente, de su dedo corazón prende un hilo rojo que, de manera invisible, está conectado con sus padres, o la persona que será muy especial en su vida y que, antes o después, irán tirando de ese hilo rojo hasta encontrarse. Entre los padres y madres adoptantes es una leyenda que tiene mucho simbolismo y que, en no pocos momentos, sobre todo si el proceso es largo como lo fue el nuestro, llegas a querer creer con todo tu corazón.

Viendo estos días todo lo que está rodeando el desgraciado suceso de Asunta, la niña china adoptada de Santiago, no pienso tanto en los detalles macabros de su muerte, que llenan informativos y programas viscerales mañaneros, sino en qué pudo pasar para que ese hilo rojo que en algún momento unió a Asunta con sus padres adoptantes se rompiera, o sufriera una necrosis hasta volverse de color negro y acabar partiéndose de manera dramática.

No dejo de pensar, cada vez que oigo cualquier noticia al respecto, qué evolución mental y vital tuvieron que atravesar esos padres para pasar del esfuerzo y la ilusión que supone un proceso de adopción a la ruindad de acabar  con la vida de tu propia hija -presuntamente, claro- , a la que quisiste algún día rescatar de un anónimo orfanato para darle, en teoría, una vida mejor, en la que pudiera desarrollar su potencialidad, tener un cariño que quizá nadie le iba a dar en otras circunstancias y unos medios a los que probablemente no tendría acceso en su lugar de nacimiento.

Sé que no voy a descubrir a estas alturas la capacidad del ser humano para crear el mal: desde el nazismo hasta el terrorismo de todo signo, pasando por la pederastia, la violencia machista, el racismo…sólo en los últimos 100 años hay demasiados ejemplos, por desgracia, de lo que somos capaces cuando decidimos apostar por la parte más oscura de la mente humana. Pero, siendo eso terrible y dramático, lo que realmente sería desesperanzador es que fuésemos insensibles ante casos como el de Asunta, o que sólo nos importasen los detalles morbosos del suceso. Nos estremecemos al verlo, necesitamos abrazar a nuestros hijos o hijas al oirlo, incluso apagamos la televisión o la radio porque no podemos soportar tanta maldad.

Lo siento mucho, Asunta, no sabes cómo. Igual que siento y se me encoge el alma al ver que mueren niños inocentes en Siria, en Filipinas, en Ruanda o en cualquier otro lugar del mundo en el que hay una desgracia de la naturaleza o un conflicto militar. Y mientras mantengamos ese dolor, al igual que Pandora en su caja la esperanza, seguiré creyendo en el ser humano, a pesar de todo.