La vida mancha

La frase no es mía, aunque ya me gustaría. Se trata del título de una película de Enrique Urbizu, protagonizada por José Coronado. Pero me sirve como introducción para sintetizar algo que me ha venido hoy a la cabeza, aunque no es la primera vez.

Hace unos días se abría el primer parque para perros en San Sebastián. El lugar elegido no era casual, ni al azar; tras estudiar el padrón municipal de perros a partir de los chips, se estimó que era la zona en la que más gente podía verse beneficiada en su ubicación. A los pocos días de su apertura, un amable ciudadano exponía su queja del mismo con el argumento -respetable- de que “los perros ladran”. ¿Quién podía imaginarlo?

Claro que los perros ladran, porque es la forma que tienen de comunicarse. Ladrarían aunque no estuviesen en un parque para perros, porque eso es lo que hacen. Y los niños y niñas, cuando están en un parque infantil, gritan, cantan, hablan alto, lloran si se caen o un mayor les quita la pelota…

Hace unos años, un día de Nochebuena, siendo yo Concejal de Turismo y responsable del CAT, recibí a las 5 de la tarde una llamada de Alcaldía diciéndome que una señora se estaba quejando de la música que ambientaba la llegada de Olentzero en la c/Loiola. Era una música suave, de villancicos, que duraba como máximo una hora, hasta que Olentzero salía a las 6. Y podría hacer un post tan largo como el Quijote contando anécdotas similares.

También recuerdo cuando otra señora (distinta a la del Olentzero) llamaba a la centralita de Guardia Municipal quejándose de que sus vecinos gritaban muy fuerte cuando mantenían relaciones sexuales, especialmente la chica de la pareja. Lo que más le molestaba era que elegían la hora de la siesta, precisamente la que ella prefería para descansar mejor.

Somos una sociedad solidaria, hasta que te enteras de que van a poner un centro de empresas de inserción social cerca de tu casa, o un edificio de Proyecto Hombre, aunque años después se demuestre que no ha habido ningún problema. El colmo del paroxismo lo viví cuando una amable ciudadana venezolana, vino a quejarse de que si hacíamos un edificio para acoger investigadores internacionales, “aquello se iba a llenar de extranjeros”. Y estoy hablando de investigadores universitarios y cientfícos.

La vida mancha, sí, y no podemos pretender pasar por ella sin que nos roce, aunque sea un poquito. Vivir, y dejar que los demás vivan, conlleva saber que habrá veces en las que ocurrirán cosas que no sean de nuestro completo agrado, pero son consustanciales a una convivencia en comunidad, la misma que hace que un vecino te ayude a subir la compra o avise al 112 si lleva días sin verte, e incluso se manifieste para impedir que te desahucien de tu casa.

Los bidegorris, las peatonalizaciones, el turismo, las bicicletas, las fiestas, el surf, el comercio, la tamborrada, las manifestaciones, las pruebas deportivas…todo puede ser molesto, incluso insoportable, si te lo propones.

La vida mancha, quién lo iba a decir. Me recuerda al Prefecto de Policía Louis Renault en Casablanca: “Qué escándalo…he descubierto que aquí se juega”.

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Toros y Votos

“Yo, que detesto sus ideas, moriría por su derecho a defenderlas en libertad”. Voltaire

 

El pasado jueves 30 de Julio se debatió en el Pleno del Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián una Moción de Irabazi y EH Bildu en la que se solicitaba impedir que se celebrasen corridas de toros en nuestra ciudad. No repetiré los argumentos utilizados en esa Moción, porque son públicamente conocidos (y no diferentes de los utilizados en cualquier otro lugar) y no reproduciré tampoco aquí los argumentos para rebatirla, porque también se pueden adivinar fácilmente, ya que también son los habituales en estos casos.

En una sociedad mediática como la actual, donde se debe intentar resumir todo un pensamiento o teoría política en 140 caracteres o pretenden que consumamos tertulias-basura guionizadas haciéndolas pasar por “debates políticos”, es muy difícil intentar explicar de manera pausada y racional una votación en un pleno o un argumentario político. Pero como el blog es mío y, como diría un buen amigo, para eso lo pago, aprovecharé para transmitir un par de ideas básicas de por qué voté en contra de esa Moción para eliminar la celebración de las corridas de toros en nuestra ciudad, siendo como soy -y quienes me conocen personalmente lo saben- no favorable a las mismas.

Hace algunos años, el Grupo Municipal Socialista de Logroño tuvo a bien invitar a compañer@s de capitales de provincia cercanos a las fiestas de la ciudad. La invitación consistía en acudir a un acto en el Ayuntamiento, una comida en una bodega de vinos (aún creo que me queda en el cuerpo frío insertado del que pasé en aquella cava) y una “sorpresa final”, que no era otra sino ir a una corrida de toros. Aunque por mí mismo nunca hubiese ido, el hecho de la cortesía y que iba acompañado de otra persona con la que tenía que volver a San Sebastián hizo que tras la comida fuese también a la plaza de toros. Plaza que tenía además la peculiaridad de ser “gemela” de la de Donostia. Hecha con los mismos planos, en un lugar similar…era como haber teletransportado Ilumbe a Logroño; fue una sensación muy curiosa.

Yo nunca había visto una corrida de toros en vivo, sólo de pasada en la televisión sin prestar mucha atención, pero lo que ví allí me disuadió de volver a ver nunca más ninguna otra. Sencillamente me resultó desagradable y no pasé del segundo toro. Le dije a mi compañera que le esperaba fuera para volver juntos de nuevo a San Sebastián. Salí discretamente y no volví a ver un toro en una plaza desde entonces hasta el día de hoy, y no tengo intención de volver a verlo nunca.

Con estos antecedentes, alguien podría preguntarse y preguntarme: “¿y por qué votaste en contra de prohibir las corridas de toros?” o : “¿por qué votaste a favor de que haya corridas de toros?” E incluso yendo un poco más allá “¿por qué no te abstuviste?”…y esta es mi respuesta:

Porque yo no voté a favor de que haya corridas de toros en Donostia/San Sebastián, sino a favor de la LIBERTAD para organizarlas y ofrecerlas a quien quiera acudir a ellas sin que cueste un euro, más bien al contrario, sea un ingreso para el erario público. Voté en contra de prohibir una actividad que, a día de hoy, es LEGAL en nuestra Comunidad Autónoma y que si se quiere prohibir deben cambiarse las normas de Juegos y Espectáculos con una mayoría parlamentaria que legítimamente lo consiga en una votación. Y porque, aunque jamás iré a los toros, no soy anti-taurino, de la misma manera que no voy al fútbol (a Anoeta sólo he ido a ver Rugby) pero no soy anti-fútbol.

Y voté en contra de esa Moción porque, aunque sea poco popular decirlo, yo sí creo en la mal llamada por algunos “disciplina de voto”. Creo que en un grupo debe haber debate y contraste de ideas, pero una vez adoptada la decisión por mayoría del mismo, el resto debe aceptarlo y votar conjuntamente, porque eso es lo que quienes nos votan esperan, y porque lo contrario será un descontrol cuyos límites son difíciles de determinar.

Creo que es muy probable que algún día la llamada “fiesta de los toros” acabe desapareciendo. Seguramente lo haga porque no es rentable, porque no queda ya público a quien le pueda interesar o, en todo caso, porque si se prohibe su celebración, se haga porque una mayoría de un parlamento elegido democráticamente así lo ha establecido, igual que se prohibió fumar en espacios de uso público, en una de las mejores decisiones y propuestas de toda la época de gobierno de Zapatero, por cierto.

No diré aquello tan facil y cómodo de que estoy en contra de cualquier prohibición, siguiendo el argumentario liberal EsperanzaAguirresco, porque sí estoy a favor de determinadas prohibiciones. Estoy a favor de prohibir las actitudes y actos racistas, xenófobos, homófobos, de intolerancia…estoy a favor de prohibir la discriminación por razón de género o credo. Estoy a favor de prohibir el maltrato a la infancia y, por supuesto de la violencia machista. Estoy en contra de muchas cosas, de todas aquellas que impidan el ejercicio de las libertades individuales y colectivas que, a su vez, respeten también la libertad ajena y la convivencia pacífica y respetuosa.

Por último, hay quienes nos reprochan que mi partido haya rechazado el mismo día las corridas de toros en otros lugares, como Palma de Mallorca. Esas cosas pasan cuando militas en un partido grande y con muchos matices. Lo que para alguien puede ser una debilidad a mí me parece una riqueza y una diversidad. Pero, por favor, si recurrimos a las incoherencias, la imágen del Alcalde de Iruña/Pamplona de Bildu presidiendo una corrida de toros en la Plaza en los últimos San Fermines con chistera y todo, y sin ninguna pinta de estar sufriendo lo más mínimo creo que tampoco permite a otros dar demasiadas lecciones de coherencia.

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Por cierto: espero seguir subiendo a Ilumbe cada 15 días éste año, como llevo haciendo los últimos 5 años. A ver baloncesto, claro.

Igeldo: guía práctica para todos los públicos

El pasado martes compareció el Sr. Martin Garitano, actual Diputado General de Gipuzkoa, ataviado con la corbata de las grandes ocasiones (partidos de la Real en Old Trafford, cumbres de Aiete, etc..) para comunicarnos, solemnemente, que a partir del día siguiente brillaría con luz propia un nuevo municipio en Gipuzkoa: Igeldo, el número 89. A partir de ese momento todo fue sorpresa, confusión, desconcierto…hasta llegar al Pleno de ayer en el Ayuntamiento de San Sebastián, que comentaré más adelante.

Como quiera que en esta cuestión se cruzan argumentos dispares y contradictorios, voy a intentar aclarar de la manera más sencilla posible, los interrogantes que pueden surgir al respecto y que de manera más lógica puedan plantearse:

1.- Igeldo siempre ha querido ser municipio independiente: en una sociedad como la actual, donde los conceptos “siempre” o “históricamente” se han devaluado hasta extremos de bono-basura, considerando “clásico” un Renault 18 de 1985 o la camiseta de Naranjito del Mundial ’82, calificar como histórica una reivindicación como la de Igeldo es, cuando menos, un tanto osado. Igeldo pertenece a San Sebastián desde su fundación como villa, en 1180. Es, en los años ’90 cuando un colectivo de vecinos, liderado por el actual Alcalde de San Sebastián, Juan Karlos Izagirre, comienza a hablar de desanexión, aunque en su momento se mostraban dispuestos a explorar otras formas de colaboración.

2.- Igeldo quiere ser independiente por no sentirse atendida por Donostia: es el argumento más consistente que parecen tener quienes promueven y/o apoyan la desanexión. Más incluso que el de tener una identidad propia y diferenciada de San Sebastián, que sería lo lógico y a lo que se apela en estos casos. En mi opinión  no es exacto y ni siquiera justo en este caso: precisamente el cuidado exquisito que se ha tenido en Igeldo a la hora de preservar su identidad, su carácter rural, y no “cargarle” con determinadas infraestructuras o equipamientos generales y no promover un urbanismo intrusivo es la mayor prueba del respeto y la consideración que se ha tenido siempre hacia Igeldo, lo que es más meritorio aun en una ciudad con los problemas de espacio y suelo de San Sebastián.

Igeldo se ha “aprovechado” de formar parte de una ciudad más grande, y se ha evitado tener, en una zona con apenas 1.000 habitantes (1056 a día de hoy, para ser exactos) infraestructuras como un vertedero, las cocheras de autobús, el parque de bomberos, la depuradora, o que se le hayan construido, por ejemplo, 500 nuevas viviendas de VPO, tan necesarias en nuestra ciudad. De todo eso se ha librado Igeldo gracias a pertenecer a una ciudad más grande. Y, a cambio, ha tenido la atención, el mantenimiento o las actuaciones (variante de Igeldo, etc..) normales en otros barrios, atendiendo a sus necesidades y población. En este sentido, cabe recordar que, sólo en dos rascacielos de mi barrio, Bidebieta, vive tanta gente como en todo Igeldo, por poner un ejemplo gráfico y sencillo de entender.

3.- El pueblo ha hablado en la consulta y hay que respetar su voluntad: demostrado, en mi opinión, que nadie tiene nada en contra de Igeldo, debe quedar claro que tampoco lo tenemos contra quienes han votado a favor de la independencia o contra ella. Son personas a las que se les planteó una consulta y votaron lo que mejor les pareció, debo creer que libremente. Esa no es la cuestión: el problema es que, para empezar, la consulta tenía serias dudas de procedimiento, como rebajar la edad a los 16 años (para “asegurarse” un resultado ya bastante amarrado, por otro lado), un sistema de voto por correo con una confidencialidad muy dudosa, una campaña pagada por medios públicos a favor del “Sí/Bai”, sin que nadie pudiese defender en igualdad de condiciones la opción contraria, una mesa electoral compuesta exclusivamente por los partidarios de una opción concreta…y así todo. El proceso no solo estaba encaminado a un resultado determinado, sino que se tomaron las medidas necesarias para asegurarlo. Y aun así, escasos 200 votos decidieron la diferencia.

La consecuencia de todo esto es que 300 personas que votaron “sí/bai”, han decidido sobre un territorio que es el 17% de un municipio de 183.000 habitantes que nada han podido decir al respecto. Un 0’5% de la población ha decidido sobre algo que afecta al restante 95’5%, que se ha quedado absorto, sin poder opinar, y viendo cómo se ha quedado sin Igeldo el 18 de Diciembre igual que yo me quedé sin abuela en Agosto: de la noche a la mañana y basándose en un resultado de una consulta que ni siquiera era vinculante. Y todo ello pese a la oposición de la inmensa mayoría del Pleno Municipal de San Sebastián, cuyos 19 de 27 miembros estaban en contra de esa segregación, es decir, la representación democrática de casi 3/4 partes del municipio.

4.- En todo caso, esto no perjudica a nadie y es bueno para todos: esto sí que es falso. Pero falso de toda falsedad, como diría Cospedal. Para empezar, ya hemos señalado que San Sebastián pierde el 17% de su territorio, un territorio que ha sido preservado y cuidado, entendiendo que debía respetarse su identidad y su carácter semi-rural. La pérdida de Igeldo modifica los ratios por habitante de suelo disponible, de suelo libre, de suelo verde de toda Donostia. Así, Igeldo pasa a ser uno de los municipios más ricos y con más suelo disponible por habitante:

– Mientras que la media en Gipuzkoa es de 300 habitantes/ km2, en Igeldo la media es de 100 habitantes/km2, es decir, una densidad 3 VECES MENOR que Gipuzkoa

– Ahora bien, lo de Donostia es más escandaloso aún: si antes tenía una ratio de 3.000 habitantes/km2 ahora estamos aún más apelotonados y tendremos 3.600 habitantes/km2

– Conclusión comparativa: IGELDO 100 hab./km2 ——>DONOSTIA 3.600 hab./km2

Añadamos a ello que Igeldo se lleva todos los equipamientos y gastos que el Ayuntamiento ha hecho allí durante décadas, pero NINGUNA DE SUS CARGAS, como por ejemplo los créditos de unas VPO de alquiler que hizo allí el Ayuntamiento en las que viven igeldotarras y que aun están pendientes de pago. Es decir, es como si en un divorcio unos de los cónyuges se queda la casa y vive en ella, pero el otro, además de irse fuera, tiene que seguir pagando el 100% de la hipoteca. Un despropósito. Y, para que no haya dudas de esto, adjunto el artículo del Decreto de la Diputación que lo señala:

Decreto

A ello podemos añadir que el pasivo del Ayuntamiento de Donostia es de unos 200 millones de €. Si repartimos entre los habitantes de la ciudad, sale a unos 1.000 euros/persona. Si Igeldo tiene 1056 habitantes significa que Igeldo debería llevarse consigo una deuda de, aproximadamente, 1 millón de euros. Cosa que no va a ocurrir, ya que se van limpios de toda mácula financiera…

5.- El papel del Alcalde de Donostia/San Sebastián en todo este proceso: comenzaré señalando algo en favor del sr. Izagirre en toda esta cuestión: él ha sido (hasta el día 18 de Diciembre) coherente. Tenía una trayectoria acreditada y reconocida de más de 20 años buscando y luchando por la independencia de Igeldo, y vino aquí principalmente para eso. Las demás cuestiones son accesorias (por primera vez en más de 20 años, por ejemplo, este año se han calificado 0 -cero- viviendas de VPO en San Sebastián; el mantenimiento es penoso, la limpieza deficiente, todos los miembros que lograron el 2016 lo han abandonado y se despeña sin freno al abismo, etc, etc…) y su objetivo ha sido logrado. Izagirre fue el caballo de Troya que la Izquierda Abertzale nos introdujo en el Ayuntamiento para hacer a la ciudad más pequeña, más débil, con menos territorio y población, consiguiendo de paso, una estrella más en la lista de los municipios que pasan a ser gobernados por Bildu en Gipuzkoa. Jugada maestra y redonda para él. Entiendo, no obstante, que esa coherencia se pierde a partir del día 18 de diciembre, ya que su objetivo está conseguido. Ahora es Alcalde de un municipio del que ha hecho todo lo humanamente posible por no pertenecer hasta conseguirlo. Ya no es que no esté empadronado aquí -lo que podría ser anecdótico-, sino que ni siquiera quiere ser donostiarra. ¿Cómo va a poder defender los intereses de la ciudad? ¿cómo, siquiera, va a poder izar la bandera el día 20 de enero del patrón de una ciudad de la que reniega?

Ante esta situación, los márgenes de actuación de los Grupos de la oposición son muy limitados: se podría, en primer lugar, plantear una Moción de Censura para acabar con este dislate, pero el PNV se niega, ya que supondría volver a poner a un socialista al frente, a pesar de que en Diputación también se podría realizar el relevo y gobernaría el PNV. Pero no…la “doctrina Montoro” funciona en Gipuzkoa a pleno gas. Que se hunda Gipuzkoa, que ya la salvaremos nosotros, parece decir cada día Egibar, prolongando una agonía que sería impensable en Bizkaia y muchísimo menos en Bilbao. Y los demás, intentamos sobrevivir y denunciar lo que está ocurriendo, siendo limitados en nuestra libertad de expresión por Izagirre en la actuación más absolutista y bochornosamente bolivariana que se recuerda en todos los años de democracia de este Ayuntamiento, hasta el punto de impedir hablar a un Funcionario de máximo rango municipal.

y 6.- Hay que respetar el Derecho a Decidir: Y, para ello, nos ponen como ejemplo Escocia, pero obviando que allí la consulta es pactada, la pregunta es pactada, se pueden hacer campañas en igualdad de condiciones, ha habido un pronunciamiento de sus respectivos Parlamentos y Gobiernos, y al reférendum le acompaña un “libro blanco” en el que se especificarán, entre otras cosas, las cargas que tiene que asumir el nuevo Estado, si se independizara. Es decir, que cualquier comparación con el proceso de Igeldo es pura ciencia ficción. Pero ficción de la buena, no de serie Z, como la de Garitano e Izagirre.

Cuando fuimos los mejores

Louis Mountbatten un aristócrata diplomático británico, que llegó a ser Virrey de la India (y fue asesinado por el IRA en 1979) dijo en cierta ocasión: “En la actualidad, yo voto al partido laborista, pero mi mayordomo es tory”.

Siempre nos gusta pensar que somos algo mejor de lo que realmente somos y, sobre todo, fuimos. Hoy en día, cuando uno habla con personas de cierta edad, independientemente de su adscripción política, desde la Derecha “pop” hasta la izquierda más pseudochavista, llega a la conclusión de que todos corrieron delante de los grises en algún momento de su vida, especialmente en los meses previos a la transición. En realidad, si corrieron en algún lugar y dirección, muy probablemente lo hicieron detrás de los grises y en sentido contrario a ellos.

Hace unos días, una persona conocida me comentaba como, siendo él niño, recuerda que se organizaban autobuses desde Legazpia, su pueblo natal, a San Sebastián para venir a ver a Franco y su séquito en verano. Y no venían a apedrearle precisamente, sino a aplaudirle y pasar el día agradablemente en la capital. Lo mismo ocurría con casi todos los pueblos de Gipuzkoa y en gran medida, como no, en la propia Donostia. A día de hoy, sin embargo, haría falta un estudio antropológico aderezado con técnicas propias de CSI para encontrar una sola persona que reconozca que estuvo en esas jornadas de ensalzamiento caudillista, a pesar de que no todos, ni mucho menos han fallecido.

Y no tengo tampoco ninguna duda de que, dentro de 20 años ocurrirá exactamente lo mismo con el posicionamiento frente a ETA y la violencia terrorista o de cualquier otro tipo. Quienes evitaban saludar a sus vecinos por ser Concejales/as de un partido constitucionalista; quienes pedían que quitaran las Casas del Pueblo de sus edificios porque su vivienda corría riesgo; quienes miraban a otro lado y aprobaban en la intimidad los repugnantes actos del GAL; quienes escudriñaban desde detrás de una cortina la manifestación que protestaba por un atentado o quienes tomaban potes al mediodía mientras otros se concentraban en la plaza del pueblo el mismo día en el que habían asesinado a uno de sus conciudadanos…todos ellos contarán a sus nietos y cuñados lo firmes que fueron frente al terrorismo, lo mucho que se indignaban cuando mataban a alguien, lo proactivos que fueron para alcanzar la paz…

Cuando fuimos los mejores
nuestro otro yo nos acechaba
mercaderes de deseos,
habitantes de la nada

(Loquillo)

La paz era esto

Nunca ocurre como esperamos que ocurra. Ni ese primer beso, nervioso. Ni esa primera vez, apresurada, difícil. Ni el día que conoces la última nota anunciando que has terminado tu carrera universitaria. Ni el primer día de trabajo. Nada es nunca como imaginamos que iba a ser: quizá mejor, casi siempre peor o simplemente diferente.

Con la ansiada y durante décadas esperada PAZ ocurre lo mismo. Todos nos hicimos unas expectativas en nuestro imaginario personal y colectivo, que rara vez han quedado colmadas y posiblemente nunca lleguen a serlo. Tal vez pensamos que al día siguiente de anunciarse el fin del terror seríamos automáticamente felices, que unos (da igual quiénes) habrían ganado indubitadamente sobre los otros, que no habría ningún resquicio moral, legal o dialéctico sobre el que cupiera duda alguna de nuestra victoria. Y que además, lo haríamos de común acuerdo, todos a una…Los malos con los malos, los buenos con los buenos, cada uno en su casa y dios en la de todos. Unos pedirían perdón y otros perdonarían. Unos reconocerían el daño causado y otros los errores cometidos, no exentos tampoco de dolor ajeno y nadie tendría ninguna duda sobre nada. Un sistema binario, en definitiva, que solo admitía unos o ceros.

Pero no. Nunca sucede así. Ni el primer beso, ni la primera vez, ni tu primer día de trabajo…ni tampoco la paz. Siempre es diferente a como lo soñaste una y quizá mil veces.

El día en que perdimos las elecciones municipales de 2011, no solo en San Sebastián, sino en todas partes de España prácticamente, algunos compañeros deambulábamos por la sede de nuestro partido abatidos, incrédulos, con las manos en la cabeza como un portero goleado. Jesús Eguiguren, que hasta ese momento no había dicho nada, nos miró, y, en un gesto de cariño, de intento de consuelo, nos dijo: “no os martiricéis…no es culpa vuestra. La paz era esto.”

Muchas veces he recordado aquella frase en los dos siguientes años. Probablemente Jesús tenía razón: la paz era premiar a quienes hasta hacía, literalmente, dos días, apoyaban o simplemente no rechazaban que a sus rivales políticos les volasen la cabeza por pensar diferente. La paz era tener que ver gobernando todo un territorio y al 80% de su población a quienes jamás mostraron ninguna empatía o comprensión, ya no digo dolor, ante un asesinato y que incluso hoy en día, dos años después, pretenden vendernos motos averiadas y recicladas con mil piezas como si fuesen nuevas y sin tacha. Pero también lo es poder pasear por las calles en libertad, sin mirar atrás, sin una hipoteca cuyo pago no tiene fecha de vencimiento conocida.

La paz es así.  Creemos que es como un hijo que, durante toda su vida, va a estar bajo nuestra égida, y nos va a obedecer, sin ser conscientes de que, antes o después, tomará su rumbo y creará su propia historia. No me gusta la teoría del “relato compartido”, nunca he creído en él. Cada persona tiene sus vivencias, únicas e intransferibles, y por eso tiene derecho a tener su propio relato, sin que se lo impongan o intenten consensuar con nadie.

Todo esto, y mucho más, es la paz. Cumplir el Estado de Derecho y las Sentencias de los Tribunales, dar cariño y cercanía a las víctimas, extender los valores del civismo, la convivencia, el respeto, y transmitirlos a nuestros hijos si los tenemos…Algunos piensan que la paz fue extremadamente generosa con quienes nunca hicieron nada para conseguirla e incluso la impidieron, y muy poco con quienes más lucharon para alcanzarla, arriesgando para ello su propia vida: y probablemente sea cierto. Pero no me siento capaz de decidirlo ni afirmarlo en nombre de nadie, solo en el mío propio. Que ya es bastante.