El Adanismo salvador.

Hace unos días me sorprendió que una persona que lleva algunos trienios en política y licenciada en Sociología desconociera el significado del término “adanismo” referido, precisamente a la política. De un modo resumido y sencillo, el “adanismo”, en general, parte de la idea de que Adán fue el primer ser humano sobre la tierra, y por lo tanto el orígen de nuestra especie. Después vino Eva, que salio de su costilla, etc, etc…

Haciendo una inmediata traslación a la política podríamos definir el adanismo político como la idea (o la tentación) de construir una teoría política y un discurso partiendo del desguace de todo lo existente hasta ese momento. Nada de lo hecho y construido nos sirve, así que debemos derribarlo y comenzar algo nuevo sobre los escombros de lo viejo. La historia, la memoria, los logros obtenidos con esfuerzo han sido estériles o, lo que es peor, perniciosos, y nos han traído a una situación inadmisible que debemos cambiar desde su raíz. Hacia dónde y cómo debe ser ese cambio quizá sea lo de menos, el caso es hacerlo. Y deben hacerlo aquellos que nunca hayan participado en el sistema actual.

Siempre he huido de los símiles deportivos, que creo facilones y poco imaginativos, pero discúlpenme mis amables lectores y lectoras (si los hubiera) si les pongo una imágen que les resultará conocida para explicar mi teoría:

 

Simeone

 

Supongo que le habréis reconocido: es Diego Pablo Simeone, más conocido ahora por el “Cholo Simeone”, el nuevo profeta del fútbol español que pregona su doctrina, el “cholismo”, consistente en una idea muy simple: el “partido a partido”. Sobre él y su forma de actuar, de entrenar, incluso su estética se han llenado horas de radio, páginas de periódico, miles de comentarios en internet. Pero,¿habéis visto qué pinta tiene en esa foto?…¿de verdad, viendo esa foto, alguien podría pensar que unos años más tarde uno de los jugadores más broncos, macarras y, a tenor de la imágen, con peor gusto vistiendo del panorama futbolístico de los años ’90, podría volver reencarnado en un hombre de principios, elegante (para según quién), filósofo y triunfador?

Si se le hubiese aplicado la teoría del adanismo, el cholo debería estar en su casa, viendo los partidos de liga con una batamanta y acariciando a su perro mientras toma una Quilmes. Lo que hizo, el bagaje que obtuvo como jugador, su experiencia, incluso esa horrible camisa hawaiana le inhabilita para poder hacer nada más en la vida. Bueno, nada más relacionado con el fútbol y la moda, vaya.

Cuando algunos pretenden que olvidemos todo lo logrado hasta ahora, haber conseguido la Sanidad y la Educación Universal; la modernización del país; formar parte de la Unión Europea y ser un país “homologado” (con sus imperfecciones) al resto de la misma sin tener que pasar vergüenza cada vez que salías fuera; haber sido incluso pionero en materia de igualdad de género, derechos civiles, y hasta en energía renovable; o haber superado la lacra de una banda terrorista que se empeñaba en ser el último vestigio de la intolerancia en Europa; todo ello ahora nos dicen que debemos olvidarlo, tirarlo por la borda y hasta repudiarlo. Algo así como si, al divorciarte, renegases de tus hijos, renunciases a la parte de la vivienda que te corresponde y a cualquier amigo o persona que conociste como consecuencia de una relación anterior. ¿Parece una locura, verdad?…pues en eso estamos, y a mucha gente le parece fenomenal.

¿Quién dijo “miedo”?

En los últimos meses se está haciendo muy popular la frase “el miedo ha cambiado de bando”, refiriéndose, supuestamente, al final de un ciclo político y el inicio de uno nuevo, al derrumbe del sistema actual, del “establishment” reinante, etc, pero sobre todo, debido a la irrupción de “Podemos” en el panorama electoral tras las elecciones europeas.

Asistimos, junto con la eclosión de las redes sociales, a una banalización del lenguaje, de los términos que antes significaban algo. Cuando tienes que resumir todo tu pensamiento en 140 caracteres o en una frase brillante de Facebook, todas nuestras palabras pierden su profundidad, el sentido de un contexto más amplio en el que poder emplearlas.

Por eso yo me pregunto al oir que “el miedo ha cambiado de bando”: ¿”miedo” a qué exactamente?…¿a la democracia?, ¿a respetar lo que la ciudadanía, es decir, mis vecinos y vecinas, mi familia, mis amigos quieran votar libremente? ¿a que la gente elija lo que considere más oportuno? Sí, ya sé lo que mis amables lectoras y lectores me pueden responder: “Hombre, Enrique, miedo a perder el poder, a perder las poltronas, a veros sustituidos por otros protagonistas…”

Y ahora respondo: ¿alguien cree que un/a concejal/a de un pequeño pueblito del interior de Gipuzkoa, que ha estado diez años con escolta, al que quizá le han quemado el coche, le han amenazado, han acosado y aun así ha dado la cara para que sus vecinos y vecinas tuvieran el derecho a votar una opción política determinada va a tener ahora miedo a la democracia?, ¿alguien cree que después de 40 años de falta de libertad y terrorismo ahora nos va a dar miedo que la gente elija libremente quien quiere que le gobierne?, ¿alguien cree que esos cientos de concejales/as, o militantes de base que están en ese pequeño pueblo o ciudad mediana, da igual,  sin cobrar nada, gastando en todo caso de su propio dinero, ayudando a diario a sus vecinos y vecinas a tener una vida un poco mejor (o menos mala) van a tener “miedo” de que cambie el Director del FMI, el Presidente del BBVA, o el de cualquier Consejo de Administración? ¿Y qué les importa a ellos?

A mediados de los años ’90 fui por primera vez en la lista del PSE al ayuntamiento de San Sebastián, con Odón Elorza de Alcalde. No salí elegido, pero los amables chicos reivindicativos del barrio ya me “ficharon”, así que, una tarde, lanzaron desde sus coches (con la impunidad habitual de aquella época) pasquines como este, que guardé como “souvenir” de un tiempo ya felizmente superado

 

amenazas

 

¿Alguien imagina el efecto que causaba en la Euskadi de  1.995 que llenaran el barrio en el que vives con estos folletos y lo que eso suponía desde el punto de vista del señalamiento y tu marcaje como alguien susceptible de ser “agraciado” en el bombo de las amenazas o cualquier otra cosa más grave? ¿ lo que pensaron mis padres, con los que entonces vivía o mi familia y amigos? Y así cientos de cargos públicos o, simplemente simpatizantes de una opción política, como era mi caso en aquel momento.

Y ahora, en 2014, viene alguien a decirme que “el miedo ha cambiado de bando”…pero, ¿de qué miedo y qué bando me estáis hablando? Pues yo le digo que no. Que, como dijo Julián Muñoz en aquella ya mítica frase: “no tengo miedo ninguno” a la democracia, a que cada cual vote lo que quiera y a quien quiera en libertad, porque demasiados años estuvimos impedidos para hacerlo, primero por una dictadura que lo prohibía y después por quienes querían coartar la representación política plural.

Claro que hay “miedo” y mucha gente lo sufre: el miedo a la pobreza; a perder el trabajo; a no tenerlo pasada una determinada edad; al machismo; el miedo de una mujer a que su pareja le pueda agredir o le pueda violar un desconocido en un portal; a quedarse sin sanidad pública; a ser desahuciado; el miedo de los niños y niñas de Gaza o de Siria a los bombardeos…ese es un miedo real, no el miedo a subir o bajar un concejal o una parlamentaria en unas elecciones.

La política, como el deporte, el amor, la salud, la fortuna, la economía…tienen momentos buenos y malos, rachas, éxitos y fracasos, estabilidad e inestabilidad. Y hay que saber gestionarlos en cada momento y adaptarse a ellos, disfrutándolos cuando nos resultan propicios o asumiéndolos con calma y sensatez si nos son adversos. Si reconocemos los errores, los enmendamos, y somos humildes, sinceros y creíbles con propuestas interesantes, recuperaremos la confianza de muchas personas. Y si no fuese así, pues habrá que asumir las consecuencias. Ya nos ha pasado, de hecho, y creo haber aprendido mucho. Pero, por favor…dejemos de jugar con el miedo, que bastante ha habido y sigue habiendo en todo el mundo como para que utilicemos su nombre en vano.

Un Estado deconstruido

Todos lo podemos oir cuando sintonizamos cualquier emisora de radio. Es un anuncio que nos martillea a todas horas. Dos personas -un hombre y una mujer- hablan con voz grave, preocupada, sobre la inseguridad en el barrio, y que uno de ellos ya ha encargado su alarma de la compañía “X” para estar más tranquilo. Ella le dice que hace bien, que es la que tiene casi todo el mundo en la zona y que va de maravilla: ahora todos están más tranquilos.

Es el modelo de sociedad, que nos propone este Gobierno que ha confundido la mayoría absoluta con el absolutismo mayoritario. Una sociedad abandonada a su suerte, en la que, quienes más tengan puedan salir adelante y quienes menos recursos posean se irán hundiendo lentamente en las peligrosas arenas movedizas de la indiferencia.

Un modelo de gobierno que apuesta por derribar hasta el último vestigio de lo público, no sin antes entregárselo a las empresas privadas para que hagan, con el dinero de todos y todas, el negocio que perdieron por su propia mala gestión.

Así, aumentan los seguros médicos o los planes de pensión privados, anunciadores de que el Estado ya no va a poder sostener con recursos propios una Sanidad o una Jubilación dignas. Privatizan incluso el matrimonio, entregándoselo a esos señores (hombres la mayoría) llamados Notarios, que se hicieron de oro líquido durante la burbuja inmobiliaria y que se quejan ahora de no poder mantener el Range Rover y la casa en la Sierra. Los bancos de alimentos se multiplican por decenas en lugares y personal, para atender una demanda que debería, en realidad, cubrir el Estado. Es otra paradoja de nuestro tiempo: el Estado cubre aquello a lo que no llegan los bancos de alimentos, cuando debería ser justo al revés, que los bancos de alimentos completaran la labor que obligatoriamente le corresponde a la Administración Pública.

Y, como todo esto (y mucho más) no les parecía suficiente, añadimos hoy la posibilidad de privatizar  la administración de la seguridad ciudadana, de las funciones policiales. El Gobierno nos anuncia que a partir de ahora un vigilante de seguridad privada podrá detenernos, identificarnos y emplear la fuerza si fuese oportuno contra nosotros. El monopolio de la fuerza física, que siempre ha sido competencia del Estado para garantizar -o intentarlo, al menos- la equidad y la objetividad en su aplicación, pasa ahora a compartirse con empresas privadas que sólo tienen como objetivo sus cuentas de resultados, por no hablar de la capacitación y formación de quienes la ejerzan. Y en esto cuentan con la complicidad de los nacionalistas del PNV y CiU, so pretexto de que se respetan las competencias autonómicas vascas y catalanas. Es decir, que si las hostias te las da un vigilante vasco, duelen menos…

La profesión de vigilante de seguridad merece todo mi respeto. Tengo, de hecho, buenos amigos que son vigilantes de seguridad. Son personas sensatas y con criterio a los que esta nueva regulación les parece un disparate, entre otras cosas porque conocen bien ese mundo de la seguridad privada y el funcionamiento de sus empresas, en las cuales no suele imperar el sentido común muchas veces.

En la Detroit de “Robocop”, a sus dirigentes les parece una buena idea dejar que la policía se privatice, que se haga cargo de la seguridad ciudadana una empresa particular. Fue el primer indicio, cinematográfico, sí, pero premonitorio en la realidad, de la decadencia de la ciudad industrial por excelencia de los Estados Unidos. Y todos sabemos cómo ha acabado Detroit: arruinada, deshabitada…vendiendo incluso los cuadros de su museo para poder mantener unos exiguos servicios.